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La frustración del nuevo PP ante la corrupción del viejo PP: «Es muy injusto»

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Mariano CallejaABC

Los populares no descartan el cambio de sede: «Lo importante es el proyecto político, lo demás solo es una cuestión estética y formal»

En Génova sabían desde hace semanas que el juicio por la caja B del PP empezaría en plena campaña de las elecciones catalanas. Pero el r uido originado por la «confesión» de Luis Bárcenas, conocida la semana pasada, ha vuelto a sorprenderles. A menos de una semana de la cita electoral, todos reconocen que es una incógnita cómo puede afectar en su electorado. Pablo Casado confesó ayer que se siente harto y frustrado, al tener que hablar una vez más de un caso que pertenece al pasado oscuro de su partido, sin vinculación alguna, insiste una y otra vez, con la actual dirección nacional del PP.

El presidente de los populares, elegido en primarias en el verano de 2018,

explicó ayer en Onda Cero que le gustaría responder «con humildad» a todas las preguntas sobre Bárcenas, pero no tiene ninguna información sobre lo que se está juzgando en la Audiencia Nacional, sencillamente porque él no estaba ahí ni formaba parte de la dirección del PP de entonces. Como si a Merkel le preguntaran por Kohl, o a Sánchez por Roldán, comparó.

Casado ganó el congreso del PP con un mensaje de regeneración y compromiso con la ejemplaridad. Esa es su baza, lo que puede ofrecer. Ayer quiso exhibir rotundidad y dureza y subrayó que actuará caiga quien caiga cuando se traspase esa línea roja. Se le preguntó si tomaría medidas contra Mariano Rajoy si se demuestra que era un «perfecto conocedor» de la caja B del partido, como dijo Bárcenas, y Casado no titubeó al subrayar que no le temblará el pulso, ni con Rajoy ni con nadie. Fuentes el PP señalaron que se aplicarían los estatutos como con cualquier militante: expediente informativo si es llamado a declarar como investigado, que se transformaría en disciplinario si se abriera juicio oral, y suspensión de afiliación en casos de «delitos flagrantes de corrupción». Esas mismas fuentes puntualizaron que no se plantean que Rajoy ni Cospedal puedan ser imputados.

Fuentes populares reiteraron que nadie de la actual dirección nacional del PP ha hablado con «delincuentes», en referencia a Bárcenas, y negaron ningún tipo de pacto con el extesorero. «No tenemos nada que temer. Lo que estamos es muy hartos. Somos un partido honesto, transparente, y que no va a pasar ni una», comentó Casado, que no deja de marcar distancias con un PP que «ya no existe», el de Mariano Rajoy.

En el PP reconocen su impotencia para que el fantasma de la corrupción no los atenace cada cierto tiempo, por mucho que se haya producido un relevo generacional en el partido. Se centran en quitar toda credibilidad a Bárcenas, experto en cambiar de versión una y otra vez, y en lanzar avisos sobre la mano dura que se activará cuando cualquier militante no cumpla las exigencias mínimas de ejemplaridad.

Como cada vez que Bárcenas y la corrupción vuelven a ocupar titulares, se cuestiona una vez más el futuro de las siglas del PP y el posible cambio de la sede del partido, ahora en la calle Génova de Madrid. El PP actual ya demostró que lo importante no es un nombre, que estuvieron dispuestos a sustituir en las urnas por la fórmula «España Suma», ni tampoco el lugar físico de trabajo. Casado insistió ayer en que lo relevante es el proyecto político y lo demás solo es «una cuestión estética y formal».

A los populares les preocupa el efecto en las urnas, aunque reconocen que, en este momento, el principal riesgo que tienen ante el 14-F en Cataluña no es Bárcenas, sino la alta abstención que pueda producirse. Casado ve la mano del Gobierno detrás de una estrategia para que en las campañas se hable siempre de corrupción. Recordó que ocurrió lo mismo en abril de 2019, cuando el caso de los discos duros destruidos de Génova entró de pleno en la campaña, y más tarde en las generales de noviembre, cuando Cristina Cifuentes y Esperanza Aguirre declararon por la Púnica, poco antes de las elecciones.

Un daño «terrible»

«Es muy injusto, no hay derecho que en plena campaña tenga que estar respondiendo sobre estos casos», se lamentó Casado, quien reconoció que el daño que ha hecho Bárcenas al partido en las elecciones ha sido «terrible».

El presidente del PP apuntó a la fiscal general del Estado, Dolores Delgado, como responsable de la filtración de la «confesión» de Bárcenas, un documento que se hizo público el miércoles pasado. En esa declaración el extesorero apunta a Rajoy como «conocedor» de la caja B del partido y da una lista de exdirigentes como beneficiarios de sobresueldos.

La insinuación de la mano de la Fiscalía tras la filtración, repicada por Teodoro García Egea de forma explícita en las redes, llevó ayer a la Anticorrupción a salir al paso con un comunicado en el que niega rotundamente estar en el origen. La Fiscalía Especial que dirige Alejandro Luzón detalló, en concreto, que el escrito presentado por la defensa de Bárcenas tuvo entrada en sus registros el martes 2 de febrero y fue «tratado confidencialmente, sin que haya sido entregado o divulgado a los medios».

Añadía, para frenar cualquier suspicacia, que «el escrito fue puesto en conocimiento de la fiscal general del Estado», Dolores Delgado, «el día 4 de febrero de 2021», es decir, un día después de que se filtrase y que, en todo caso, no obedece a acercamiento alguno al acusado en busca de pacto, confesión o conformidad por su parte. Y además, no aporta novedades sustanciales.

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