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La exasesora Dina vuelve a cambiar lo que le dijo al juez para salvar a Iglesias del delito de daños

María Peral 

Ahora afirma que la tarjeta del teléfono móvil que le devolvió el líder de Podemos con mensajes y fotos íntimas sí funcionaba

Dina Bousselham, la exasesora de Pablo Iglesias en Unidas Podemos, ha vuelto a contradecir las declaraciones prestadas ante el juez del caso Tándem después de que se haya abierto la posibilidad de que el instructor aprecie que el actual vicepresidente segundo del Gobierno no sólo no fue víctima del comisario Villarejo, sino que pudo cometer un delito de daños.

El magistrado García-Castellón retiró el pasado lunes a Iglesias la condición de víctima en el procedimiento en el que se investiga un delito de revelación de secretos por la aparición en medios de comunicación de mensajes comprometidos del dirigente de Podemos, mensajes que Dina Bousselham almacenaba en su móvil. El teléfono le fue robado en diciembre de 2015.

Algunos de esos mensajes y fotos íntimas de la asesora aparecieron en casa de Villarejo, pero, dado que Bousselham ha acabado admitiendo que ella misma reenvió textos de Iglesias a terceras personas (lo que inicialmente había ocultado), se han disipado los indicios que apuntaban al comisario como fuente de las publicaciones contra el líder de Podemos.

Dina también ha acabado reconociendo ante el juez que Pablo Iglesias le entregó “en junio o julio de 2016” una tarjeta SIM de su móvil, que el presidente del Grupo Zeta le había dado a él en enero de 2016. En sus declaraciones iniciales ante la Policía la asesora había asegurado, en cambio, que “no disponía de copia de la tarjeta ya que tras el robo del móvil perdió toda la información”.

Y también declaró al juez que “yo nunca he llegado a abrir la tarjeta [que le dio Iglesias] porque nunca me ha funcionado”. La Policía Científica ha verificado que esa tarjeta, que Dina entregó en el Juzgado el pasado marzo, está “parcialmente quemada”.

“Yo nunca ha podido ver su contenido, Pablo Iglesias sí sabe el contenido porque él lo vio”, insistió Bousselham, dibujando, sin quererlo, indicios de un delito de daños del que sería responsable Iglesias, último poseedor de la tarjeta deteriorada antes de que volviera a manos de Dina.

García-Castellón ha decidido ordenar nuevas diligencias sobre la tarjeta antes de resolver si envía o no una exposición razonada al Supremo para que investigue a Iglesias.

Dos días después de conocer ese movimiento del juez, Bousselham ha presentado en la Audiencia Nacional un escrito en el que rectifica sus últimas declaraciones. Ahora dice que “respecto a la tarjeta en la que se encontraban archivos originalmente contenidos en mi teléfono móvil, y que aporté en su día a este Juzgado, debo decir que inicialmente, cuando se me entregó [por Pablo Iglesias, a quien no cita] funcionaba, y comprobé que en su interior estaban contenidos de mi teléfono”.

En contra de la anterior afirmación de que “nunca pude ver su contenido”, ahora indica que “accedí a los elementos de naturaleza más personal e íntimos de la tarjeta, y por ello puedo indicar que inicialmente funcionaba si bien no contraste ni analicé todo su contenido”.

“Tras lo anterior, cuando volví a tratar de acceder a ella, dejó de funcionar, pudiendo haber quedado la misma afectada, y es, a partir de ahí, cuando no funcionaba y no pude volver a acceder”, añade.

Para justificar el cambio de versión, Bousselham señala que “tratando de recordar hechos tan convulsos, y problemáticos para mi personalmente, he indicado que nunca pude acceder a dicha tarjeta en la medida en que nunca tuve un conocimiento o acceso sobre la totalidad del contenido de ésta”.

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