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La diplomacia alemana pilota el acercamiento europeo a Biden

Enviados de Merkel a EE.UU. buscan evitar que el gasoducto con Rusia malogre las cumbres del G-7 y la OTAN

Berlín creía que la salida de Trump allanaría el camino a la tubería, pero la postura de Washington no ha variado

Angela Merkel le quedan apenas unos meses de legislatura, pero la canciller alemana no está ni mucho menos en modo despedida y su equipo diplomático tampoco. Si, tras la publicación de nuevos detalles sobre el espionaje estadounidense a altos cargos alemanes y europeos entre 2012 y 2014, Berlín no ha reaccionado con más contundencia, es porque al tiempo que se conocía la implicación de los servicios de inteligencia daneses un núcleo duro del equipo diplomático alemán estaba a punto de volar con rumbo a Washington, donde Alemania está precocinando ya con la Casa Blanca las próximas cumbres del G-7 y de la OTAN, que tendrán lugar durante la primera visita de Joe Biden como presidente.

Se trata del

trascendente reencuentro de dos continentes entre los que se ensanchó el Atlántico durante la presidencia de Donald Trump y la diplomacia alemana está escribiendo por adelantado el guion, asumiendo un papel en política exterior europea mucho más activo que, por otra parte, sus socios de la Unión Europea llevan pidiendo un par de décadas.

En realidad esta misión silenciosa comenzó a prepararse apenas Biden se mudó a la Casa Blanca, el pasado 20 de enero, y se afianzó cuando declaró que «Estados Unidos ha vuelto», en videoconferencia con la Conferencia de Seguridad de Múnich en febrero. Ahora, antes de que arranque el primer viaje del 46º presidente de los Estados Unidos a Europa, una delegación alemana de alto rango y comisionada personalmente por Merkel mantiene en Washington las discusiones preliminares, centradas en dos asuntos cruciales para Alemania: el controvertido gasoducto Nord Stream 2 y el Tratado de Libre Comercio entre EE.UU. y Europa.

Círculos gubernamentales estadounidenses confirman que la delegación está encabezada por Jan Hecker, asesor de política exterior de Merkel, y Lars-Hendrik Röller, asesor económico principal de la canciller y ‘sherpa’ en las cumbres internacionales de formato del G-7 y G-20.

Ambos se reunirán en Washington con el asesor de seguridad nacional de Joe Biden, Jake Sullivan, y con la nueva representante comercial de EE.UU., Katherine Tai, entre otros. La secretaria de Estado Antje Leendertse, al tanto del contacto transatlántico en todo lo relativo al proyecto Nord Stream 2, representa al Ministerio de Relaciones Exteriores germano.

Daños colaterales a Ucrania

Alemania contaba con que la desaparición de Donald Trump del tablero internacional allanase el camino a la finalización del gasoducto, una tubería bajo las aguas del mar Báltico de 1.200 kilómetros de longitud y destinado a aumentar significativamente la capacidad de suministro de gas natural ruso a Alemania. Pero la posición de Biden no dista demasiado por ahora de la de Trump y en el Capitolio se registra también una seria resistencia. El actual presidente demócrata teme que Alemania y Europa dependan cada vez más de Rusia y que el proyecto produzca daños colaterales en el hasta ahora principal país de tránsito del gas ruso hacia Europa, Ucrania.

El proyecto estima transportar suficiente gas para abastecer a 26 millones de hogares. Fuentes estadounidenses aseguran que Washington no quiere arriesgar la mejora de las relaciones entre EE.UU. y Alemania, y como gesto de buena voluntad ha levantado las sanciones a Nord Stream 2 AG, con sede en Suiza.

Lejos de tratarse de un asunto bilateral entre Moscú y Berlín, el gasoducto mantiene dividida a la UE, genera rechazo en EE.UU. y tiene en vilo a la Europa del Este. Aunque cada país involucrado tiene sus propios intereses, en general se pueden distinguir dos bandos.

Por un lado, están quienes consideran que Nord Stream 2 es sobre todo un proyecto comercial que contribuirá a la seguridad y diversificación energética de Europa. Por otro se alinean quienes aseguran que generará una dependencia negativa hacia Moscú, sobre todo en momentos en que la relación está en crisis tras el envenenamiento en Rusia del opositor Alexéi Navalni. Incluso Francia, que habitualmente se posiciona en tándem con Berlín, ha mostrado reticencias.

En el bando defensor está, por delante de todos los demás, el presidente ruso, Vladímir Putin, con quien Biden se entrevistará personalmente el próximo 16 de junio en la ciudad suiza de Ginebra, en el primer cara a cara entre ambos desde que el mandatario norteamericano accedió al cargo. También están las seis compañías que financian el proyecto, principalmente la estatal rusa Gazprom, pero también cinco sociedades europeas: OMV, Wintershall Dea, Engie, Uniper y Shell.

El objetivo de la avanzadilla diplomática alemana es acomodar previamente la posición de Biden antes de que llegue a Europa y evitar tropiezos indeseables. Intentan convencer a la nueva Administración estadounidense de que el gasoducto ofrece la posibilidad de mantener canales de comunicación abiertos con Putin. El presidente de Alemania, Frank-Walte Steinmeier, lo ha calificado como «casi el último puente entre Rusia y Europa», añadiendo que «destruir puentes no es señal de fortaleza».

En la reunión de Röller con el representante comercial estadounidense Thai, el asunto principal serán las tensiones existentes en la vida económica transatlántica. Después de que Trump detuviera las negociaciones sobre el acuerdo de libre comercio TTIP, el expresidente de EE.UU. impuso aranceles punitivos a las importaciones de acero y aluminio de Europa. La UE respondió con aranceles de represalia. Estas sanciones siguen vigentes cuatro meses y medio después de que Biden asumiera el cargo.

Reforma de la Alianza

En cuanto a los asuntos de defensa que ocupan a la delegación, el ministro de Exteriores alemán ha declarado su interés por «reforzar el músculo político» de la OTAN para crear «una unión de democracias». Heiko Maas se reunió el lunes con sus homólogos para preparar la reunión de jefes de Estado y gobierno de la OTAN con Joe Biden y recalcó allí la necesidad de que la Alianza Atlántica sea «moderna» y esté «preparada para el futuro».

Ante el creciente «reto autócrata», llamó a trabajar en defensa colectiva y reacción conjunta ante cualquier situación de crisis. Y expresó su acuerdo con las propuestas de reforma planteadas por el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Maas dejó caer que la cumbre de la OTAN y la hoja de ruta para la evolución de la organización hasta 2030 están ya muy adelantadas y que solo quedan «algunos tornillos que ajustar».

A Merkel le gustaría además, antes de marcharse, que EE.UU. expresase de alguna manera un visto bueno al proyecto de ejército europeo complementario a la OTAN, que ella defiende desde hace años y que en su día planteó su exministra de Defensa y hoy presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

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