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La cruz de Podemos a la candidata de IU que les llamó «ratas» (y otros condenados al ostracismo)

La coalición castiga a la ‘tres’ de su lista al 4-M pese a que Iglesias y la ‘dos’ han renunciado a su escaño

 

Las portavocías y portavocías adjuntas de los grupos parlamentarios de la Asamblea de Madrid ya están fijadas y Vanessa Lillo, número tres de Unidas Podemos en la región, y de Izquierda Unida, no tiene ninguna. Lillo atrajo en mayo la atención mediática durante un par de días —no era un perfil muy conocido— por un audio desvelado por ABC en el que mostraba su fuerte malestar con Podemos. Más allá del desahogo de llamarles «sinvergüenzas y ratas», Lillo reveló el sentimiento de ninguneo de IU con el partido hegemónico en campaña. Situación que ahora la castigará en el grupo.

A pesar de que Pablo Iglesias e Isa Serra, números uno y dos de la candidatura, renunciaron a

su escaño, la ‘tres’ no ha sido designada a un cargo parlamentario relevante. La portavocía del grupo es para Carolina Alonso y la portavocía adjunta, para Alejandra Jacinto. Puestos 7 y 4 en la candidatura de UP, del sector de Podemos y por detrás de Lillo. Hay tres hechos en el proceso que ABC ha comprobado en conversación con Unidas Podemos. Uno, que IU reclamó alguna portavocía en la Asamblea y se les negó; dos, que antes de trascencer la grabación crítica de Lillo Podemos no iba a darle ese protagonismo a su socio de coalición; y tres, que después de conocerse el audio, menos oportunidades tiene.

Le han puesto la cruz. Aunque sí que sugieren desde el partido morado que será portavoz en alguna de las comisiones de la Cámara regional. Una dinámica que no sorprende a nadie. La dirección de Podemos no da oportunidades a quien no hace suyo el discurso oficial y es crítico. Y siempre premian la lealtad. Además, en este caso, IU no tiene margen para plantarse e imponerse. Son menos fuertes y movilizan a un menor electorado en comparación. Tienen que acatar lo que Podemos fija.

La noche de la dimisión de Iglesias, Lillo estaba a su lado en la sede Podemos porque así lo pidió la organización, según explica ella en el audio. Ya entonces se queja de esa falta de protagonismo. «’Ah, ¿ahora sí voy a ser la tres, después de toda la campaña que me habéis estado tapando?’ (…) Y me veo ahí, al lado de Pablo Iglesias», protestaba.

Durante una rueda de prensa, el portavoz en el Congreso de UP, Pablo Echenique, dijo que no había problemas con Lillo y no quiso hacer valoraciones del audio. «El espacio confederal goza de buena salud», señaló sobre las grietas internas en UP. «Con las disculpas y la explicación de la diputada, nos basta», zanjó. Perdonan, sí; pero no lo olvidan.

El de la número tres madrileña no es un caso aislado. Otros dirigentes en la coalición o en el partido han sido apartados, relegados a un segundo plano o radicalmente purgados. Siempre que la sospecha de traición ha empezado a rondar en las altas esferas del partido o alguien ha roto con el discurso único y molestado a la cúpula. Los cofundadores de Podemos Íñigo Errejón y Carolina Bescansa son los ejemplos más mediáticos. Iglesias, el exsecretario general, fue alejando a Errejón y su equipo según entendía que buscaban controlar el partido. En 2016, un ordenador abierto en la sede del partido dejó al descubierto los planes del ‘errejonismo’ para derrocar al ‘pablismo’.

Ahí, Sergio Pascual, secretario de Organización y afín a Errejón, fue cesado. En 2017, Iglesias y Errejón se enfrentaron en Vistalegre II. Errejón fue relegado a la Comunidad de Madrid y apartado de la política nacional después de que Iglesias ganase. Errejón no llegó a presentarse a esas elecciones con Podemos porque en 2019 dio portazo al partido para configurar Más Madrid. Un proyecto lejos de los corséts que le habían impuesto. También fueron apartando gradualmente a Carolina Bescansa por razones similares. En 2018, filtró por error en un grupo de Telegram sus planes para derrocar a Iglesias y liderar Podemos con el apoyo del ‘errejonismo’. Lo borró lo más rápido que pudo pero tarde aún así. Corrió como la pólvora entre los periodistas. Ella misma explicó que no había acuerdo con el equipo de Errejón todavía y el entonces número dos lo rechazó de todas formas. Aquello fue el principio de su final en Podemos. El sector oficialista la apartó de los círculos de poder y ella terminó dejando el partido.

Los críticos no medran

La vicepresidenta tercera del Congreso, Gloria Elizo, hasta hace poco responsable del equipo legal del partido, criticó a Iglesias y la hoja de ruta de Podemos en público en diversas ocasiones y se fue ganando la antipatía de la dirección. Hoy, a pesar de su cargo en la Cámara, su relación no es de confianza con dirigentes como Ione Belarra, Irene Montero o Echenique. Hay otros casos, más polémicos. José Manuel Calvente, también del equipo legal, fue cesado por acoso laboral a una compañera, aunque la querella contra él se archivó. Calvente insiste en que le purgaron por denunciar irregularidades en las cuentas de Podemos. También Germán Cantabrana, exportavoz parlamentario en La Rioja, asegura que le purgaron por ser molesto. En su caso, un juez también declaró nulo el despido por razón de acoso y lo atribuyó a luchas de poder.

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