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La capitán María José, psicóloga criminal y una de las 100 mujeres más influyentes: “Me frustró no poder hacer la mili”

Capitán de la Guardia Civil. “A las jóvenes aún les cuesta asociar a mujeres con puestos directivos en la Guardia Civil” | “Confundimos dos conceptos diferentes, el de violencia de género con homicidios de pareja, que se predicen por diferentes factores de riesgo” | “Los instrumentos de valoración predicen la violencia, pero no el homicidio”.

María José Garrido (42 años) desprende una energía casi marcial. Sus palabras, su razonamiento, su respiración… se acompasan a un ritmo que no descansa. Esta capitán de la Guardia Civil viste el uniforme por puro amor a los colores, a los botones que mantienen la tensión después de abrocharlos, a esa rectitud que impide ver las arrugas en su camisa, ni siquiera las posturales.

“Siempre me gustó todo lo militar y policial. Recuerdo sentirme mal de pequeña porque no podía hacer la mili. Veía a los hombres que se marchaba y yo tenía conocimiento de la instrucción militar, me encantaban esas actividades y me sentía frustrada porque las mujeres no podíamos hacer la mili“, reconoce esta uniformada que ha conseguido meterse en el top de las 100 mujeres más influyentes por su trabajo como psicóloga criminalista en el cuerpo.

María José confiesa que, a diferencia de muchas de sus compañeras más veteranas, ella no tenía ningún familiar ni un vínculo directo con el cuerpo. “Lo más, que mi padre había hecho la mili”, sonríe. Sin embargo, esa ilusión seguía dando vueltas en su cabeza mientras se licenciaba en Psicología, se iba de Erasmus a Holanda o se tomaba un año sabático para dar clases de español y pensar cómo cuadrar todo lo que sonaba en su interior.

Y llegó la letra justa para toda esa música: “Vi que habían salido unas vacantes de psicólogo militar y se me abrió el cielo porque mis dos universos se juntaban. Siempre me había gustado mucho el análisis de comportamiento, la conducta y poder aplicar todos esos conocimientos dentro de la estructura militar fue maravilloso”.

No tardó ni unos días en hacer la maleta y menos de cinco meses en sacarse la oposición a un ritmo de estudio casi marcial. “La oposición fue en junio de 2003 y en septiembre ya estaba con el uniforme puesto”.

Militar

Antes de ocupar su puesto, realizó una formación por todas las academias, la de Tierra, la de Aire y la de la Armada y, además, la parte específica de los Cuerpos Comunes. “Ser psicóloga militar es un perfil un poco heterogéneo porque puedes dedicarte a la formación, a la selección, si vas a un hospital militar a la clínica… Yo elegí Málaga, en la subdelegación de Defensa, y mis tareas principales eran de selección y clasificación de la gente que quería ingresar a las Fuerzas Armadas o para reservista“.

Pero María José, una mujer “ambiciosa”, seguía buscando hacer más, llegar a más. “Un día cayó en mis manos un artículo de psicología criminalista, de su aplicación en la investigación criminal, en los perfiles, testimonios… y decidí que volvía a opositar, esta vez a la Guardia Civil“.

Y en 2007 ya estaba dentro del cuerpo de las Fuerzas de Seguridad del Estado que menos mujeres tiene entre sus uniformados pero que ha conseguido meter hasta tres de ellas en las preliminares del Top 100 de mujeres influyentes.

“Estoy muy orgullosa porque da mucha visilidad y es importante. Cuando doy conferencias especialmente a jóvenes, aún les cuesta asociar a mujeres con responsabilidad o puestos directivos dentro de una organización tradicionalmente asociada al cuerpo masculino como es la Guardia Civil o las Fuerzas Armadas”, dejando claro que ellas simplemente son una representación de las muchas uniformadas “excepcionales”.

“Es un orgullo para la Guardia Civil. Conseguimos el galardón la teniente coronel Silvia Gil y yo, pero con las poquitas que somos en Guardia Civil, que tres hayamos estado en la candidatura, es un orgullo para la institución y reflejo de un cuerpo moderno con incorporación de la mujer a cuerpos directivos y de responsabilidad”.

Violencia de género

Cuando consiguió su plaza como psicóloga en la Guardia Civil, María José tuvo claro que lo que quería era la Policía Judicial y aplicar toda su formación especialmente a “delitos contra las personas, contra la libertad sexual, homicidios, desapariciones forzosas, violencia género…”.

Precisamente en su tesis doctoral, se empeñó en validar los protocolos VPR (Valoración Policial del Riesgo) y VPER (Valoración Policial de Evaluación del Riesgo) que utiliza la Guardia Civil para tratar de determinar el riesgo de una víctima de violencia de género.

“Estos protocolos son útiles porque están basados en una serie de factores de riesgo que anuncian la probabilidad que tiene una víctima de volver a ser víctima de violencia. Factores de riesgo tipo celotipia, consumo de sustancias, antecedentes en violencia, en violencia de género… y en función del nivel que da se administran las medidas policiales“.

Sin embargo, nada ha resultado infalible y la capitán de la Guardia Civil advierte de que, en parte, el problema es que muchas veces confundimos “dos conceptos diferentes, el de violencia de género con homicidios de pareja, que se predicen por diferentes factores de riesgo”.

Los instrumentos de valoración predicen la violencia, pero no el homicidio. Mi opinión, basada en mi experiencia operativa, es que los perfiles del hombre que mata a su mujer o exmujer son muy heterogéneos: con alto o con bajo psicoticismo, con alto o con bajo neuroticismo, con estabilidad emocional, extrovertidos, introvertidos… Sin embargo, cuando hablamos de agresores de pareja sí que se suele dar ese perfil de manipuladores, controladores, con celotipia… por eso es tan importante diferenciar los dos aspectos”.

Esta experta criminalista insiste en que es clave entender la diferencia a la hora de diseñar campañas de prevención para que sean más efectivas. “No es lo mismo el hombre que mata a su mujer porque sufre una enfermedad degenerativa o el que la mató por celos. Son dos escenarios que hasta el tratamiento interno en instituciones penitenciarias tendría que ser diferenciado“.

Proactivo

Lo que sí tiene muy claro María José es que es fundamental los esfuerzos proactivos que ha hecho el cuerpo para formar a sus agentes en el tratamiento de este delito “con un componente emocional tan fuerte”. “Antes el esfuerzo era reactivo, esperar a que la víctima denuncie para poner todo en marcha y hemos intentado desarrollar el enfoque proactivo para lo que es fundamental que cualquier agente, educativo, policial social, esté sensibilizado“.

Ella destaca que la Guardia Civil es “un ejemplo de cuerpo en el trato a la víctima y en el desarrollo de esos primeros auxilios psicológicos para evitar esa victimización secundaria”.

“Cualquier agente que trabaje directa o indirectamente con la víctima tiene que entenderla, sea la primera, la quinta o la octava vez que va porque el delito de violencia de género es un delito en el que influyen una multitud de variables emocionales, afectivas, de dependencia y hay que estar preparados”.

Desde su puesto en el Departamento de Liderazgo del CESEDEN (Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional), María José sigue haciendo sus “microexperimentos de la vida cotidiana”, como ella los llama, para que todas sus investigaciones estén ancladas no sólo en la realidad de las comisarías sino también en la vida civil.

Por eso, insiste en que hay muchos tipos de violencia que se nos están escapando de la alarma social y que pueden resultar muy dañinos sobre todo con los más jóvenes. “Yo siempre hablo de la importancia del FIS (formación, información y sensibilización) con, por ejemplo, la ciberviolencia que es toda psicológica, no hay violencia física, pero las consecuencias son devastadoras“.

Cibercontrol con “adolescentes mandando fotos o ubicación a sus novios para que vean como van vestidas o donde están”. Pornografía, “que hace que los adolescentes confundan el sexo con lo que ellos tienen normalizado ahí”. Acceso ilimitado a las redes, al ciberespacio…

“Es verdad que en el confinamiento, todo se ha disparado. Yo he sido la primera que estaba haciendo el curso de comandante y tenía exámenes y le dejaba a mi hija de tres y a mi hijo de cuatro algún dispositivo electrónico para garantizarme media hora de calidad para la prueba de la que dependía mi ascenso. Pero luego vas a un restaurante y te ves a todos los niños con el móvil y los padres comiendo”.

Por eso insiste en que, en muchos de estos problemas y sintomatología infantojuvenil, faltan “miradas, como decía una psicóloga en una frase que me encantó”, y reflexión. “De nuevo, la educación y que nos paremos a pensar”.

Eso sí, no quiere hablar de casos de violencia de género como el que ocupa ahora muchos minutos en televisión y apuesta más por actuar en las estructuras más profundas. “Está tan mediatizado, por no emplear otra palabra, que me niego a dar mi opinión sobre un caso tan manipulado. Creo que hace un poco de daño a nivel social porque se llegan a confundir aspectos fundamentales, fenómenos o tipologías, que al fin y al cabo es lo que llega al pueblo y genera confusión”.

Ni mucho menos darle más bombo a quienes niegan que exista la violencia de género y sus teorías negacionistas: “Sólo tienen que ir una mañana a una comisaría o a un puesto de la Guardia Civil para ver lo que ocurre”.

Eso sí, María José quiere que la lucha contra estos delitos siga estando en su hoja de ruta. Por eso, si le preguntas por el futuro, por si se ve como teniente coronel… Ella tiene claro su camino: “A mí me gustaría, con esa ambición que me ha marcado, ocupar un puesto de toma de decisiones en esta materia porque considero que lo he estudiado a nivel operativo, a nivel académico, mi tesis doctoral es sobre los protocolos de valoración de riesgo y es un tema en el que no sólo estoy formada sino que me apasiona y creo que se pueden hacer muchas cosas con recursos personales. No estoy hablando de grandes sumas de dinero“.

Entre lo más inmediato: “Limitar la victimización secundaria es clave. Todavía en la vista oral del juicio se vuelve a preguntar a una víctima por los detalles de las agresiones sexuales. Se puede hacer mucho y sobre todo mucha campaña de FIS“.

Razones para el cuerpo

Pero la violencia de género no es el único tema que ocupa su día a día. María José está llevando a cabo una investigación para conocer de manera empírica “por qué los hombres y las mujeres eligen o no eligen a la Guardia Civil como trayectoria profesional”.

“Es verdad que la mayoría de las compañeras que tengo, especialmente, las más veteranas siempre tienen una vinculación familiar: un padre, el abuelo, un hermano, un marido, la pareja… Si es así, sería importante el estar familiarizadas. Pero me interesa saber cuáles son los motivos que animan o desaniman, qué diferencias en cuanto a género hay, si no hay más mujeres porque se asocia a los hombres o porque les gusta otro tipo de profesión…”.

Un estudio que debería marcar las políticas de reclutamiento de la Guardia Civil en los próximos años sobre todo para conseguir equilibrar el porcentaje de mujeres en el cuerpo, aunque no tiene porque ser la única medida. “Es muy importante la visibilidad, los referentes. La directora de la Guardia Civil simpatiza bastante con el sistema de cuotas y fuerza un poco el sistema para dar visibilidad o proporcionar de alguna manera el número de mujeres en determinadas especialidades”.

Entre las trabas que se encuentran muchas de estas uniformadas es que no se visualizan otros puestos ni mucho menos perfiles de líderes femeninas que asumen voz y mando. “La gente solo conoce lo que ve en la calle, tráfico y Seprona. Cuando estaba en tribunales de selección, la mayoría quería esos cuerpos y cuando te pedían policía judicial o subsuelo, le preguntabas y era familiar o hijo del cuerpo. Hace falta esa visibilidad proyectada a especialidades”.

Esta capitán top admite que la Guardia Civil está cambiando, se está abriendo cada vez más: “Antes era un instituto muy cerrado y se publicitaba poco, pero ahora, incluso con series de televisión se ve mucho nuestro trabajo y eso se nota en los procesos de reclutamiento”.

A nivel personal, entrar en una lista de mujeres influyentes, le ha dado más trabajo y más oportunidades de reclamar su existencia, su carrera y su liderazgo. “Muchas veces doy conferencias en zonas rurales y todavía hay niñas o adolescentes que me preguntan si hay mujeres ahí, si podemos… Siguen muy vigentes estereotipos contra los que tenemos que luchar y las campañas han de estar diseñadas para los diferentes targets porque no es el mismo mensaje para una mujer de 40 años que para una adolescente de 17″.

Es difícil no pillar a María José trabajando, con sus dos hijos o practicando deporte. Este tipo de reconocimientos que le ha llevado a una sobreexposición en los medios le ha servido para que sus pequeños sean conscientes de que su mamá sale en la tele o en la radio. “Es un orgullo para ellos. Si te soy sincera mi marido está medio cansado de esta actividad extra porque tenemos que hacer malabares con los trabajos y los niños y siempre que le digo que no puedo hacer algo porque tengo una entrevista… imagina lo que piensa”, bromea.

Pese a todo, ha sacado tiempo para escribir incluso un libro donde esta madrileña de nacimiento pero zamorana de ascendencia ha volcado todo lo que le apasiona de la psicología criminal. “‘Sobre personas y monstruos: Aplicación de la Psicología a la Investigación Criminal‘ fue la novela que escribí embarazada de mi niño y me encantó dar vida a Oliver, que está basado en él. Cuando sea mayor y se vea reflejado, será un regalo muy bonito, sobre todo por la exposición de sentimientos“.

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