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Junts y la CUP harán presión sobre los Mossos para desgastar a ERC

Madrid, 05/10/2017. Declaración en la Audiencia Nacional de Josep Lluis Trapero, Mayor de los Mossos d'esquadra. Foto: Ignacio Gil. ARCHDC

Inquietud en la Policía autonómica por la política de seguridad del nuevo gobierno

Hace años que en Cataluña se dice que quien se atreve a asumir la cartera de la Consejería de Interior da por amortizada su carrera política. La mala gestión en unos casos, algunos excesos policiales en otros, y el sempiterno asedio a los agentes del orden por parte de los radicales antisistema en Cataluña–y últimamente también por el separatismo– acaba provocando un desgaste del que los responsables de Interior no suelen recuperarse.

En la recién estrenada legislatura, Esquerra asumirá por primera vez este departamento, que históricamente ha estado mayoritariamente en manos convergentes, y del que depende el Cuerpo de los Mossos d’Esquadra. Los republicanos, ahora al mando del Govern, han asumido el peaje de hacerse cargo de la ‘patata

caliente’ de Interior. Lo han hecho, sin embargo, poco convencidos, dejando la consejería en manos de un independiente como es el exsocialista Joan Ignasi Elena.

Primer plante del consejero

Y Elena no ha empezado con buen pie. En su segundo día al frente de la Consejería, ya ha dado plantón al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Fue el viernes, en la toma de posesión del nuevo jefe de la Guardia Civil en Cataluña, el general Luis Tovar Jove. Al acto, que se celebró en el cuartel de Travessera de Gràcia de la capital catalana, la Consejería de Interior no envió a ningún representante. Sí que acudió a la cita, en cambio, el mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero. Un mensaje claro.

Aunque con sus altibajos, las grandes grietas que abrió el referéndum ilegal de independencia de octubre de 2017 entre los Mossos y los otros Cuerpos –la Policía Nacional y la Guardia Civil– han ido poco a poco cicatrizando. Con desencuentros a nivel político, eso sí, como el reciente menosprecio de la Generalitat a los policías y guardias civiles que trabajan en Cataluña marginándolos con las vacunas, pero con una sintonía en recuperación entre los altos mandos de los respectivos Cuerpos. Por eso la Generalitat debería corregir este desdén hacia Marlaska y, sobre todo, hacia el que ya es el máximo responsable de la Guardia Civil en Cataluña.

Pero donde a priori la Consejería de Interior se la jugará en esta legislatura será en la presión que los antisistema de la CUP, y también parte del secesionismo de la órbita de Junts y de la propia Esquerra, puedan ejercer sobre los Mossos. Y no solo en el asedio físico durante las algaradas callejeras, que en un momento u otro volverán, sino también a nivel político y parlamentario. Está pendiente una reforma del modelo policial de orden público –de los antidisturbios, en resumidas cuentas–, que los sindicatos de Mossos temen que se utilice para quitarles todavía más herramientas con las que hacer frente a los radicales.

Los Mossos, moneda de cambio

Que los partidos secesionistas iban a utilizar a los Mossos como moneda de cambio quedó claro desde las primeras negociaciones para formar Govern. En su primer preacuerdo postelectoral, Esquerra y la CUP pactaron retirar a los agentes de los antidisturbios de los Mossos las municiones de ‘foam’ –que utilizan para dispersar a los violentos en las manifestaciones– hasta que se publicase el protocolo sobre su uso. Interior, entonces todavía en funciones y en manos de Junts, acabó sacando a la luz una parte de ese manual.

Ahora, los sindicatos policiales están a la expectativa de ver qué sucede con el ‘foam’, el tipo de munición que los Mossos comenzaron a usar después de que el Parlamento catalán les vetase el uso de pelotas de goma a raíz de que en 2012 una mujer perdiese un ojo por uno de estos proyectiles. A los antidisturbios no les maravilla el ‘foam’ –lo consideran más un proyectil para neutralizar que para dispersar–, pero temen que, ya sin pelotas de goma, les dejen también sin estas armas contra los violentos. Muchos recuerdan que en la semana de disturbios de octubre de 2019 en Barcelona, tras la sentencia del «procés», de no haber sido por las pelotas disparadas por la Policía, aquellos días pudieron haber acabado en una tragedia mucho mayor.

La CUP ya dejó claro desde el principio que no dejará dormir tranquilo al nuevo consejero de Interior. El pasado martes, con el departamento todavía en manos de Junts, varios de los diputados antisistema se plantaron ante los Mossos, que actuaban por orden judicial, para tratar de impedir un desahucio en Barcelona, que acabaría con incidentes y cargas policiales. Era un primera viso.

Y un último elemento, pero no menor, que podría contribuir a desestabilizar la Consejería de Interior: Junts per Catalunya. Si en la anterior legislatura, cuando tenía el mando de la Generalitat –con Quim Torra– y también de Interior –con Miquel Buch y luego con Miquel Sàmper–, Junts ya se aliaba en los altercados con los radicales frente a los Mossos, habrá que ver hasta dónde está dispuesto a llegar el partido de Puigdemont sin esos corsés. A los de Esquerra, socios y enemigos íntimos, no les darán tregua.

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