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Junts exige a ERC Economía, Obras Públicas y el control de los medios

Elsa Artadi
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Salvador SostresABC

Puigdemont quiere que Aragonès gestione y él negociar con Madrid

Elsa Artadi a Economía. Damià Calvet conserva Territorio y Sostenibilidad. Anna Erra, Educación. Joan Vall i Clara, editor de El Punt Avui, o Xevi Xirgo, director del mismo periódico, serían el secretario de Difusión. José Antich, presidente de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales o director de TV3. Éstas son las condiciones que JxCat exige a ERC para votar la investidura de Pere Aragonès. De fondo, Puigdemont quiere conservar el mando y los recursos del Consell de la República, y que el Govern se pliegue a sus directrices. Le ha dicho a Aragonès: «Ya que te gusta tanto presumir de tu gestión, tú te encargas de la vacunación y yo de la negociación con Madrid».

Aragonès no quiere ceder

Economía. Su idea es ofrecerle a Artadi una vicepresidencia y la consejería de Exteriores. Los republicanos no dan crédito a que Junts proponga para Educación a Anna Erra, alcaldesa de Vic, a quien consideran «una analfabeta funcional»; y recelan del afán convergente por conservar la obra pública (Territori), porque sospecha que Junts sigue cobrando comisiones como lo hacía Convergència (3%). ERC, que presume de transparencia y de no tener casos de corrupción, teme verse manchada por los trapicheos convergentes.

Negociables

Estas tres consejerías son sensibles pero negociables para los republicanos. Economía, la que menos. Pero lo que está fuera de discusión es la secretaría de Difusión, encargada de repartir subvenciones a los medios. Y más con los nombres que baraja Junts, de la máxima confianza de Puigdemont, y siempre entre los más subvencionados cuando Convergència estaba al cargo del reparto. Proponer a Pepe Antich como presidente del órgano de gobierno de TV3 y Catalunya Ràdio es igualmente una declaración de guerra.

El comentario general en Cataluña es que habrá gobierno. Es lo más probable (60%). Pero sólo le interesan a Esquerra -que por fin podría tener la presidencia de la Generalitat- y un poco a los cuadros de Junts, que llevan más de una década cobrando del erario público y no quieren arriesgarse a quedar fuera del gobierno por una alianza de los republicanos con socialistas y comunes, como último recurso de Aragonès para no tener que jugarse la ansiada presidencis.

En cambio, tanto el líder de los socialistas, Salvador Illa, como Puigdemont, la repetición electoral es el escenario que desean. Puigdemont no lleva bien haber perdido contra Aragonès y prefiere el riesgo de la revancha a la humillación de votar su investidura. El fugado cree que esta vez podría ganar, recuperando el voto del PDECat. Por su parte, Illa piensa que los independentistas quedarían como unos ineptos si no logran formar gobierno, y tendrían un importante voto de castigo.

Todo está más abierto de lo que parece. ERC amenaza a Junts con hacer un gobierno de izquierdas y dejarles en la oposición; Puigdemont coquetea con forzar nuevas elecciones y Junts celebra el 24 de abril su congreso, donde todo se decide de forma asamblearia y los más radicales son los que ganan; e Illa sabe que si facilita la investidura de Aragonès rompe de un hachazo el bloque independentista. El odio entre ERC y Junts sigue siendo la principal característica de la política catalana, pero aunque el PSC no es el PP, pactar con Illa aún es «pactar con España», en la misma medida que si Illa permite la investidura de Aragonès, será acusado de traidor y de alfombra del independentismo, cuando en realidad sería todo lo contrario. Los tres tienen su as en la manga, pero también, de momento, más miedo de usarlo que esperanza.

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