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Jordi Sevilla: «Sánchez irá con Podemos en los alquileres a cambio de no hacer la reforma laboral de Díaz»

«Me encantaría que el Gobierno y el PP negociaran los Presupuestos», dice el exministro socialista

Desde la empresa privada y sin las ataduras del cargo político, la autocensura es algo menor. Jordi Sevilla (Valencia, 1956) es ejemplo de ello. Fue ministro socialista de Administraciones Públicas, más adelante se vio colocado como presidente de Red Eléctrica y ahora ocupa el cargo de ‘senior advisor’ de Contexto Económico en LLYC. Llegó a ser responsable del programa económico de Pedro Sánchez en 2015, aunque ahora se ha convertido casi más bien en uno de los tantos críticos socialistas del actual presidente del Gobierno.

Las reglas fiscales están suspendidas a nivel europeo. Y el Gobierno parece que continuará por la vía del gasto público frente a la crisis. Pero… ¿hasta cuándo expandir el gasto?

La Unión Europea sitúa

 la vuelta a reglas fiscales en 2023. A diferencia de la crisis anterior, que como digo no tiene nada que ver con esta, la reacción de todos los países ha sido muy diferente a la anterior crisis. De igual manera que el BCE ha revisado su objetivo de inflación siendo más flexible, creo que también debería aprovecharse para revisar criterios de estabilidad presupuestaria. Se fijaron en Maastricht y en aquel momento tuvieron sentido, pero han pasado 30 años. Incluso manteniendo el principio de la estabilidad presupuestaria, incluso manteniendo el principio de la limitación cuantitativa de déficit y deuda públicos, se puede modificar el cómo lo mides para hacerlo de una manera difrente, por ejemplo no contabilizando las inversiones en el cálculo de los déficit excesivos. Eso daría un poquito más de aliento a la estabilidad presupuestaria y a su digamos capacidad expansiva sobre el conjunto de la economía. Lo que quiero decir es que estamos en un mundo diferente, entramos en un mundo en el que el ciclo que se abrió a finales de los 70 con Tatcher y Reagan ha terminado. Yo creo que terminó con la crisis financiera anterior pero la pandemia y la digitalización han obligado a replantearse el marco económico y el marco de política económica. El futuro no lo vamos a poder medir con los criterios del pasado. El contexto es otro y si alguien tiene dudas, que mire el acuerdo del G-20 sobre la fiscalidad mínima a las grandes empresas. Eso lo decíamos algunos hace 10 años y parecíamos rojos peligrosos y ahora lo está haciendo Biden.

¿Se equivoca el Gobierno al no pensar ya en la deuda y el déficit, como piden el Banco de España y la Autoridad Fiscal (Airef)?

El Gobierno creo que lo está pensando y que incluso están trabajando en ello; otra cosa es que no sea el discurso que en este momento deba ser predominante desde el Gobierno. No es lo mismo que el gobernador diga una cosa a que esa cosa la diga el presidente. El Banco de España y la Airef vigilan la ortodoxia económica; la función del Gobierno es otra, gestionar un país que no ha salido de la crisis. No creo que sea el momento de recuperar un discurso de austeridad que lo tenemos muy asociado a la crisis anterior, a deterioro de los servicios públicos y a que los trabajadores tengan que apretarse el cinturón. El Gobierno hace bien en no retomar ese discurso, pero estoy casi seguro de que trabajan en ello de cara a los Presupuestos de 2023.

¿Veremos los temidos recortes como en la anterior crisis?

Tendremos que hacer algo pero no lo llamaremos recortes. Es evidente que habrá una reforma fiscal, que no será en 2022. Hay un problema en el que todos están de acuerdo: que la capacidad de recaudación de España sobre el PIB es menor que en la UE. Nuestro sistema fiscal tiene agujeros que tenemos que tapar. En la anterior crisis se hizo un recorte lineal, el Gobierno del PP quiso que confundiéramos recortes con reformas. No se hicieron reformas del gasto público sino recortes en muchos casos lineales. El próximo periodo de estabilidad presupuestaria se fundamentará más sobre mayor recaudación fiscal y una reforma del gasto público, recortando el gasto que se haya demostrado ineficaz e innecesario.

¿Acometer una reforma fiscal equivale a subir impuestos?

Subir unos sí y otros no. Pero no me preocupa. Del sistema impositivo me preocupa que recaude lo que necesitamos con los dos criterios constitucionales: que pague más el que más tiene y que en igualdad de condiciones paguemos todos lo mismo. Eso hoy no se da. Nuestro sistema fiscal es más ineficiente que el de la UE. Si miras las estadísticas del volumen de ricos en España y las estadísticas de la Agencia Tributaria de cuántos contribuyentes hay en el tramo más alto del IRPF, llegas a la conclusión de que los ricos no pagan IRPF, y se quedan fuera de la progresividad constitucional. No digo que sea ilegal, pero hay figuras legales que permiten que esto no ocurra. Piensa dos personas que ganen lo mismo y con las mismas circunstancias familiares: si uno lo gana trabajando y otro de las rentas heredadas, el primero paga más impuestos, no es razonable. Hay un margen de mejora en la línea de mejorar la eficiencia del sistema tributario y hacerlo más constitucional, es decir, más progresivo y equitativo.

Entonces, ¿se equivocan los empresarios pidiendo bajar impuestos?

No. El problema es que es un discurso, en gran parte, del siglo XX. Esto ha cambiado mucho. A partir de la pandemia entramos en el siglo de la globalización, del algoritmo… Estamos en un mundo muy diferente al siglo XX, que es de donde parten casi todas nuestras herramientas de análisis económico y políticas económicas. No se puede medir igual. Sí creo que ese cambio tiene que provocar un cambio en nuestro sistema tributario. Cambiar el concepto del tributo, sin olvidar que los impuestos son el precio que pagamos por vivir en civilización. No es un coste negativo sino algo que pagamos por vivir en una sociedad democrática y avanzada. Eso cada vez más empresarios lo entienden así y han dejado de pedir la rebaja de cotizaciones por ejemplo, que hace 10 años era permanente, y en este movimiento se va más al discurso de tener unos impuestos sensatos, razonables, equitativos…

Con la fragilidad parlamentaria y de Gobierno que hay, y sabiendo que hay que negociar los Presupuestos, ¿el Gobierno es rehén de sus socios?

También el PP negociaba. Yo no veo esa fragilidad del Gobierno. ¿Toda negociación es un chantaje? A mí eso me parece muy fuerte. Todos los gobiernos sin mayoría han pactado. Te gustará o no lo que hace, pero no creo que sea rehén de nada. Tendrá que negociar los Presupuestos y los grupos pedirán unas cosas y otras. Y si los negociara con el PP, cosa que a mí me encantaría, y lograra arrancarle cosas, no diría que es un chantaje ni que Sánchez es rehén.

Creo que van a ser unos Presupuestos en los que no van a estar los temas más conflictivos, como el modelo de financiación autonómica, la reforma fiscal… Serán continuistas y como efecto del rebote económico reducirán déficit y deuda públicos.

La revolución de Sánchez en el Gobierno ha reforzado el área económica socialista, con Nadia Calviño a la cabeza. ¿Es un mensaje a Podemos de que hay cosas que no se pueden tocar?

Creo que sí. Y además me atrevo a hacer de pitoniso. En el conflicto entre el área de Podemos y Carmen Calvo, el presidente opta por la versión Podemos y desautoriza a Calvo. Sánchez hará algo parecido con la ley que regule los alquileres; tengo la impresión de que se posicionará a favor de las tesis de Podemos y a cambio de eso no va a haber la reforma laboral que quiere Yolanda Díaz. Lo gordo, que es la reforma laboral, no va a salir y va a ganar en esa batalla claramente el área del PSOE.

Otra tesis de la propia Díaz pasa por subir el salario mínimo (SMI). ¿Es momento de hacerlo otra vez en estas circunstancias?

No creo que sea la prioridad. Si tuviera que hacer un listado de prioridades país, me preocupa mucho la brecha de los jóvenes. Nos acostumbramos a vivir con una juventud que empieza a asumir que está machacada y va a estar machacada. Eso me parece intolerable como ciudadano, que no sea la primera prioridad. Y me preocupa mucho más el paro juvenil y la falta de adaptación entre conocimientos y habilidades de los jóvenes y lo que necesita el mercado laboral. Me preocupa mucho más eso que el salario mínimo; creo que en este momento en mi ranking de prioridades no está entre las cinco primeras subir el SMI.

Sobre los fondos europeos: ¿ha faltado transparencia en este asunto?

Transparencia no. El presidente ha presentado tres veces los fondos y publicado más de 700 páginas entre todo. Sí creo que ha faltado debate, entre otras cuestiones porque la oposición tampoco ha manifestado mucho interés en entrar en el debate de los fondos más allá de los apriorismos; aquí hay un programa de reformas y nadie ha entrado a pronunciarse desde la oposición sobre ellos. Los fondos UE son una oportunidad que tenemos para que sea la primera crisis de la que salimos mejorando el valor añadido y no recortando salarios o devaluando monedas, que no podemos. Las empresas lo han entendido; el revulsivo que generó la aprobación de los fondos UE en el mundo empresarial es muy alto, han visto la oportunidad de que todo lo que veían que había que hacerse de transformación verde y digital, lo que pensaban y soñaban en sus planes estratégicos, se podría hacer con apoyo comunitario. En el debate de los fondos nos ha faltado una oposición constructiva, crítica pero constructiva. Sobre todo cuando la estructura de gestión va a acabar pasando por las CC.AA. y el Parlamento por los difrentes Presupuestos. Habrá un espacio en el que la oposición habrá de explicitar su punto de vista, más allá del chascarrillo.

Es verdad que puede haber un problema de gestión administrativa que lo que haga sea retrasar las aprobaciones, no ‘malgestionar’ los proyectos. Ahí deberíamos pasar del discurso negativista a un discurso crítico pero más proactivo.

¿Sería necesaria una agencia independiente de control para los fondos UE?

No lo veo necesario, porque si montamos ‘ex novo’ una agencia los dos primeros años los llevaríamos en montar la agencia. En la medida en que se canalizan a través de los PGE, como todas las partidas se controlan por el Parlamento, la IGAE, el Tribunal de Cuentas, y estará el control de la Comisión Europea. No veo que vayan a faltar controles ni veo base para lanzar eso como un riesgo. Si algo va a estar controlado van a ser los fondos UE.

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