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Inés Arrimadas se enfrenta al temor de la desaparición

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Ciudadanos contiene la respiración con la esperanza de que Edmundo Bal doblegue a los sondeos y logre representación en la Asamblea regional

Susto o muerte. Ser o no ser. Ciudadanos (Cs) se juega su futuro en las elecciones autonómicas de este 4 de mayo en la Comunidad de Madrid. El resultado de los liberales, inevitablemente, se analizará desde un prisma nacional que medirá la viabilidad del proyecto de Inés Arrimadas. En la España más polarizada de las últimas décadas, Cs se ha plantado en el centro y se ha desmarcado de la célebre ‘foto de Colón’ a la que se sumó Albert Rivera para hacer frente común al ‘sanchismo’. Frente al ‘fascismo o democracia’, pero también frente al ‘comunismo o libertad’Edmundo Bal apela a una concordia que en su partido ven en peligro.

De eso van estas elecciones, reivindican desde Cs, pero a nadie se le escapa que también serán decisivas para el futuro político de su formación. Inmerso en una crisis permanente desde el catastrófico 10-N, agravada por la debacle de las elecciones catalanas y por la nefasta gestión de la moción de censura en la Región de Murcia, el partido ha confiado en su diputado estrella, el abogado de Estado Edmundo Bal, para intentar salvar los muebles en una de las cuatro comunidades autónomas que gobernaba antes del sainete murciano. La apuesta, presentarse como opción moderada frente a Vox y reeditar la coalición con Isabel Díaz Ayuso.

Pero si la mayoría de las encuestas acierta, el pretendido ‘efecto Bal’ se quedará lejos de cumplir su objetivo y supondrá un nuevo quebradero de cabeza para Arrimadas. Cs ansía alcanzar el cinco por ciento de los votos -mínimo legal para obtener representación-, pero después de unos primeros sondeos que lo situaban cerca de lograr el objetivo, los últimos, en general, lo alejan de la cima. El último publicado por ABC, de GAD3, relega a Bal a un alejado 2,8 por ciento de los votos. Aunque en Cs insisten: sus encuestas internas son muy diferentes y sí los elevan, por la mínima, por encima del deseado cinco por ciento.

En función de si entra o no en la Asamblea, Cs enfrentará dos escenarios bien distintos. Muy lejos quedarán en cualquier caso el 19,4 por ciento del voto que cosechó en las autonómicas del 2019 y los veintiséis diputados obtenidos, pero las pésimas expectativas de partida harían que el simple hecho de permanecer en el Parlamento regional se contemplase como un balón de oxígeno y un asidero para empezar a construir la remontada del centro. No entrar, por contra, situaría de nuevo a Arrimadas en una situación delicadísima después de unos meses de máxima tensión en Cs.

No se preparan movimientos

Al contrario que en los días previos a las elecciones catalanas, esta vez no hay un runrún interno ni hay preparada una estrategia para pedir dimisiones en el caso de que el tropiezo vuelva a ser mayúsculo. Dos de quienes orquestaron aquel movimiento, Fran Hervías y Toni Cantó, ahora están en el PP tras no haber logrado el cambio de rumbo reclamado a Arrimadas. También suma el hecho de que después de la moción de censura en la Región de Murcia -cuya ejecución se asume como un error-, Arrimadas apartase a sus dos adláteres, Carlos Cuadrado y José María Espejo-Saavedra, y ampliase el Comité Permanente, que ahora está compartiendo la toma de decisiones.

No hay nadie, por ahora, que sepa qué hará el 5 de mayo si los resultados vienen mal dados otra vez. De momento, las fuentes consultadas se afanan en remar hacia el cinco por ciento de los votos y despejan cualquier escenario poselectoral. Ya llegará el tiempo de pensar con los resultados en la mano, aunque hay miembros de Cs que apoyaron a Arrimadas en las primarias y que, sin cuestionar su liderazgo -creen que no existe alternativa a día de hoy-, sí valorarían cambios en la dirección que apuntaba Francisco Igea para que el partido no sea tan vertical y centralizado.

Más allá de eso, fuentes de la dirección de campaña, de la ejecutiva nacional, autonómicas y municipales coinciden en dos cuestiones: el destacado papel de Bal y la buena campaña, «objetivamente hablando», en comparación con las anteriores. Cs se expone a ‘quemar’ a una de sus principales figuras si, como candidato a la Comunidad de Madrid, ni tan siquiera consigue representación. No obstante, en el partido hacen una lectura diferente y subrayan que todo el mundo asume que lo dañado es la marca de Cs y que el desempeño de Bal está siendo reconocido incluso por sus detractores.

«Bal es el mejor candidato en el peor momento posible»

Respecto a la campaña, que ha recuperado la esencia de una campaña electoral al uso tras la apuesta en las catalanas por actos cerrados en un estudio alquilado a los que no podía acceder público -decisión tomada por el Covid-19-, las fuentes consultadas coinciden en que está siendo «una de las mejores posibles» en el actual escenario, más allá de pequeñas pegas a actos puntuales en los que han surgido discrepancias. Pero en general, y esto es algo que no pasaba desde el 28-A, cuando Cs obtuvo 57 escaños en el Congreso, hay satisfacción. «El problema es que es muy difícil hablar de propuestas y colocar un mensaje de moderación en medio de insultos», admite un miembro de la ejecutiva. «Bal es el mejor candidato en el peor momento posible», añade un diputado autonómico en conversación con ABC.

Dirigentes autonómicos de Cs, después de semanas muy complicadas tras la ruptura del Gobierno regional y la convocatoria electoral, reconocen la labor de los afiliados, a quienes ven «enchufados» y quienes han sido claves, dicen, para levantar el ánimo de los integrantes de la campaña. Ellos y el propio Bal, de quien todos destacan su energía y su entrega al trabajo. El ambiente, eso sí, está algo enrarecido entre quienes ven en juego inmediato su puesto de trabajo. El partido contiene la respiración a la espera de que los madrileños decidan. «España sería un país mucho peor sin Cs», dijo Bal la semana pasada en su entrevista en ABC. Si los madrileños coinciden, un suspiro de alivio recorrerá toda la calle Alcalá desde su número 253, donde el partido seguirá el recuento, acuartelado en su sede nacional.

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