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Iglesias se borra de Vistalegre para «no eclipsar» a Belarra

Un mes después de su dimisión, el ex líder está inmerso en su futuro: televisión y clases

«Cuando uno deja de ser útil tiene que saber retirarse». La frase la pronunció Pablo Iglesias el pasado 4-M. Tras su fracaso personal decidió dar un paso atrás y dimitir de todos sus cargos a nivel político poniendo fin a una carrera en Podemos con tintes personalistas durante siete años.

Ahora que ya se ha cumplido un mes desde su (última y final) dimisión de la política, todas las miradas vuelven a dirigirse a él, a pesar de la intención de la candidatura que le sucederá de pasar página e iniciarse en su reconstrucción. Hasta ahora, su decisión de retirarse la ha cumplido al milímetro. Ni entrevistas en medios y apagón total en sus redes sociales. Tan solo ha sido visto en varias ocasiones a primera hora de la mañana en el Congreso de los Diputados para dejar a sus hijos en la guardería. Quienes le rodean aseguran que volverá, pero no se espera que sea inminentemente. Cuentan que se encuentra tranquilo y feliz. Sobre sus planes de futuro se especula con la vuelta a proyectos de comunicación de la mano de Jaume Roures, y a la docencia.

Desde su salida de Moncloa y del partido, la formación vive una remodelación interna que ha llevado a los morados a cambiar la estrategia del ruido como arma para cumplir los acuerdos de la coalición. Si bien no se plegarán a las directrices del Gobierno, ahora lo harán en silencio, pero seguirán exigiendo el cumplimiento íntegro de los pactos, según remarcan fuentes moradas.

Esa reconstrucción llegará en los próximos días cuando la ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, llamada a sucederle en el cargo logre el aval de la militancia –se da por supuesto– para liderar el partido a partir del próximo 13 de junio. Una celebración que no tendrá lugar en su emplazamiento clave en Vista Alegre. El partido cambiará de lugar y Belarra iniciará la nueva era en el sur, en Alcorcón. Una ubicación a la que no se desplazará su antecesor, según ha confirmado este diario de fuentes cercanas al ex líder, aunque desde el partido rechazan dar detalles sobre Iglesias. De esta manera, con la decisión del ex vicepresidente de no acudir se trata de «no eclipsar» a Belarra y concuerda con la apuesta de su candidatura de pasar página, aunque sin renunciar a su «legado».

En esta nueva época en la que Podemos tiene como reto sobrevivir al liderazgo de Iglesias, la dirección coral tratará de avanzar para ampliar el espacio político, enraizar la organización, lograr la implantación territorial y hacer presidenta a Yolanda Díaz. No se espera interferencia alguna de Iglesias, al menos de manera pública. Si bien fundadores del partido consultados creen que Iglesias «tutelará a Belarra en el partido y a Yolanda Díaz en el Gobierno». Con la no aparición de Iglesias en Vistalegre IV –como ya hiciera Albert Rivera en el cónclave de Cs que ratificó a Inés Arrimadas como su sucesora– el partido inicia su reconstrucción que ya avanzó la propia Belarra en los documentos de su candidatura: «Nuestra fuerza política debe dejar atrás la fase protagonizada por el liderazgo y la personalidad de Pablo (…) Es necesario construir un nuevo Podemos, con un protagonismo más colectivo, cuyo liderazgo sea asumido mayoritariamente por compañeras y que represente una España que es mucho más que Madrid».

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