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Gripe aviar: el mundo se prepara para otra pandemia tras el coronavirus

Los recientes contagios humanos de gripe aviar recuerdan la amenaza de sus variantes, sobre todo H5N1 y H7N9, con un 59 y 39 por ciento de letalidad, respectivamente

Cuando todavía no hemos salido del coronavirus, el mundo ya se prepara para otra pandemia. Los expertos temen que sea de gripe aviar, la amenaza que pende desde hace décadas sobre el ser humano y ya nos dio un buen susto con la «gripe porcina» (H1N1) de 2009. Iniciada en México, provocó más de 18.000 muertes confirmadas por laboratorio, pero se calcula que en realidad fueron entre 150.000 y 575.000. Este era el peligro que estaban esperando, y para el que se estaban preparando, las autoridades sanitarias de todo el planeta. No para un coronavirus porque no se habían propagado tanto en anteriores ocasiones, como sucedió con el SARS entre 2002 y 2003 y el MERS entre 2012 y 2015.

 

Con la sociedad muy sensibilizada ante las epidemias por la catástrofe del Covid-19, que lleva ya 175 millones de infectados y 3,7 millones de fallecidos, han vuelto a saltar las alarmas por los recientes contagios humanos de distintas cepas de la gripe aviar. A principios de este mes, China confirmaba la primera infección en un humano de una de sus variantes, denominada H10N3. Se trataba de un hombre de 41 años de Zhenjiang, en la provincia costera de Jiangsu, que había empezado a sufrir fiebre y otros síntomas el 23 de abril y había sido hospitalizado cinco días después. El 28 de mayo, los médicos descubrían que tenía el H10N3, uno de los subtipos de la gripe aviar que suele ser letal para aves salvajes y de corral y se contagia a través de aerosoles, como los resfriados y el Covid-19. Para calmar a la población, las autoridades aseguraban que el riesgo de epidemia era bajo porque no había contagios de humano a humano y el paciente parecía haberse infectado de forma puntual a través de un ave. Además, se había recuperado y se le iba a dar el alta, lo que en teoría demostraba la escasa patogenicidad del virus.

Pero el caso volvía a r ecordar la amenaza de la gripe aviar. A finales de mayo, dos expertos chinos, Gao Fu y Shi Weifeng, alertaban en la revista ‘Science’ del potencial pandémico de otro subtipo de la gripe aviar: el H5N8. Descubierto en 2010 en un pato en un mercado de Jiangsu, la misma provincia donde el hombre de 41 años se había contagiado de otra variante distinta, el H5N8 ha causado ya brotes en aves en 46 países, entre ellos España. Además, en febrero dio el salto a los humanos en Rusia, donde se contagiaron siete trabajadores de una granja de gallinas que sufrieron síntomas leves. Por su expansión debido a las aves migratorias, los autores del estudio advertían de que el H5N8 es un «riesgo que no puede ser ignorado».

Junto a esta variante, otra de la que más preocupa es la H7N9, cuyo primer contagio humano fue detectado en 2013 también en China y mató a más de 600 personas hasta 2017. Desde entonces, no ha causado muertes. Aunque la mayoría de sus casos están ligados a mercados de animales, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de que es un virus «inusualmente peligroso para los seres humanos», porque su mortalidad es del 39 por ciento de casos. Además, es muy difícil vigilarlo porque no mata a las aves y puede pasar desapercibido para los controles en las granjas.

Pero, sin duda, el subtipo de gripe aviar que más asusta es el H5N1, una cepa altamente patógena que fue descubierta en Hong Kong en 1997 y obligó a sacrificar todas las aves. De las 18 personas que se contagiaron entonces, murieron seis. No se encontró ningún caso humano hasta 2003, cuando volvió a circular de nuevo por China y el sudeste asiático infectando a más de 600 personas hasta 2014. De ellas, fallecieron 378, lo que entraña una letalidad del 59 por ciento que preocupa enormemente a los expertos.

«Las infecciones en humanos de gripe aviar, tanto de alta como de baja patogenicidad, no son comunes, pero sí ocurren casos esporádicos de gente que tiene contacto con animales infectados. Cuando la patogenicidad es alta, se descubre sobre todo en aves muertas y granjas donde ha habido un brote. Aunque se puede apreciar si baja la producción, por ejemplo de las ponedoras, la baja patogenicidad es más difícil de localizar: la gente en contacto con las aves se puede infectar y lo normal es sufrir una conjuntivitis media, sin transmisión entre humanos. Pero los H5, que son de alta patogenicidad, y los H7 sí se pueden contagiar entre humanos», explica a ABC por vídeollamada desde el Hospital Monte Sinaí de Nueva York el prestigioso doctor Adolfo García Sastre, microbiólogo especializado en gripe.

De las tres decenas de subtipos descubiertos de la gripe aviar, el problema, según García Sastre, es que «no sabemos si estas cepas están cerca o lejos de adaptarse al ser humano. De H5 y H7 ha habido transmisiones humanas, sobre todo en familias con estrecho contacto y, más especialmente, en parientes con vínculos genéticos. La diversidad genética de los H5 ha aumentado, como se ve en el H5N8, y, cuanta más diversidad genética hay, aumentan las posibilidades de infección. Es posible que en el futuro se mezclen con un huésped intermedio, como cerdos o caballos, y causen una epidemia, pero eso no se puede saber y lo más normal es que no haya otra pandemia en varias generaciones».

Para que no ocurra otra tragedia como la del coronavirus, o al menos reducir sus posibilidades, García Sastre aboga por «reforzar los controles en granjas y mercados de animales vivos, sobre todo en los países en vías de desarrollo, donde puede haber más información genética del virus por la convivencia de animales y personas en un mismo espacio».

Para Marta López de Diego, investigadora del Centro Nacional de Biotecnología especializada en la gripe y el coronavirus, es fundamental contar con «buena seguridad en las granjas y mercados de animales vivos, que suponen un peligro por ser el origen de algunas de las últimas pandemias». Además de la mayor protección y conciencia social que ha traído el coronavirus, López de Diego destaca que «en caso de que estallara una pandemia de gripe aviar, estaríamos más preparados que con el coronavirus porque ya existen vacunas contra algunas cepas que solo habría que adaptar al nuevo tipo, así como tratamientos dirigidos a las proteínas que funcionan contra otros virus y serían eficaces contra el H5N1 y el H7N9. Lo malo sería la alta letalidad, ya que pueden matar a más del 50 por ciento de los pacientes».

El riesgo de convivir con animales en mercados y aldeas

En los países en vías de desarrollo, como se puede apreciar en cualquier pueblo de Asia, las personas conviven con los animales en los mercados y las aldeas. Tras las pandemias del SARS en 2002 y ahora del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, las autoridades sanitarias insisten en reforzar la seguridad alimentaria, sobre todo en los “mercados húmedos” donde se venden y sacrifican todo tipo de especies, incluidas las salvajes. Pero el peligro sigue latente en las aldeas de China, el Sudeste Asiático y otros lugares en desarrollo donde es normal ver a los niños jugando entre los cerdos y gallinas que se crían en su casa.

Así lo comprobó este corresponsal a finales de mayo de 2006 en Kubu Simbelang, un pueblo de Indonesia donde se habían producido los primeros contagios entre humanos de la letal cepa H5N1 de la gripe aviar. De los ochos parientes que habían participado en una comida familiar celebrada en abril de ese año, habían perecido siete y las pruebas efectuadas a seis de ellos habían revelado que sufrían el H5N1. Todo hace sospechar que una de las mujeres de la familia se infectó en el insalubre mercado donde vendía naranjas, ya que unos puestos junto al suyo ofrecían gallinas, patos y gansos vivos. Otra posibilidad es que se hubiera contagiado a partir de los pollos que, al igual que sus vecinos, criaba en su casa, que enfermaron varios días antes de su fallecimiento. Como ocurre en muchos lugares de Asia, seres humanos y aves convivían estrechamente en Kubu Simbelang, durmiendo a veces bajo el mismo techo y hasta utilizando los excrementos de los animales como abono.

Junto al caso de una madre y su hija en Vietnam, la OMS sospechaba en ese momento que ya se estaban produciendo los primeros contagios entre humanos de H5N1. Si es así, quince años después no han desatado una pandemia. Pero los expertos no bajan la guardia porque saben que es solo cuestión de tiempo que el virus mute y se contagie más rápidamente entre personas. La cuestión no es si ocurrirá o no, sino cuándo.

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