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El triunfo expansivo

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El fenómeno de Ayuso como líder político nace de una decisión de Pablo Casado

«Hola tabernarios, ¿qué tal lleváis la jornada?» Este tuit de la presidenta Ayuso, publicado en la tarde de ayer, ilustra un fenómeno singular que no solo ha caracterizado la precampaña y la campaña madrileñas, sino los dos años de la legislatura interrumpida. El caso es que doña Isabel ha dejado inservible la estrategia preferida de la izquierda española: la destrucción personal del adversario, la burla sangrante y el insulto genérico a sus seguidores.

Ayuso respondía con humor, adoptando sus palabras y dándoles la vuelta, al falsificador profesional de encuestas José Félix Tezanos. Si un catedrático socialdemócrata pinta a los votantes de Ayuso como una tropa de borrachines simplones, y a ella como «una persona de escasa entidad intelectual y política»

, no es extraño que lo que tiene a su izquierda, incluyendo conmilitones, se haya abonado al calificativo de «fascistas». La lógica del sanchismo –si no eres de izquierdas eres fascista– no refleja solo falta de escrúpulos y necesidad vital de tensión o crispación, el alimento de los campeones del progreso, sino una interesante pérdida del sentido de realidad.

Es el mismo extravío que les ha llevado a meterse alegremente en la boca del lobo al plantear las elecciones madrileñas como un plebiscito. Porque eso es exactamente lo que hizo Sánchez, persuadido de que la caricatura de la presidenta se correspondía con la realidad y de que iba a sacar un inesperado rédito saltando al ruedo y convirtiendo estos comicios en el gran asunto nacional. Y eso es también lo que hizo Iglesias, igualmente convencido de que se enfrentaba a un espantapájaros, cuando decidió encabezar la lista madrileña. Una apuesta que le ha costado su carrera política tras colocar a su formación en el último lugar de las cinco con representación. Ya ha dimitido.

Así que todos concurrían a algo más que unas elecciones regionales: se trataba del sanchismo, de avalar o no una autocracia en construcción. Se trataba de elegir entre dos modelos, como se ha encargado de subrayar la vicepresidenta Yolanda Díaz: «No son unas elecciones autonómicas; se está votando un modelo de país». Pues ya está votado: la líder madrileña, convertida por sus contrincantes en sinónimo de alternativa integral, ha más que doblado sus escaños, superando holgadamente ella sola a toda la izquierda sumada. Pierde el régimen. Con otro regalito incluido: el PSOE y los de Errejón ya pesan lo mismo.

Gracias a lo que Ayuso ha ganado a pulso con su feliz mezcla de buena gestión, proximidad y poder de atracción en todas direcciones, es la izquierda la que se ha roto y es la derecha la que se recompone, fulminando a Ciudadanos. Caer de 26 escaños a cero resulta tan contundente que Arrimadas y su formación no levantarán cabeza ni como bisagra ni como condimento. Han cosechado su siembra de deslealtad, y pagan la absurda operación de las mociones, jugada de inconfundible marchamo sanchista. En su mente funcionaba: se le arrebata al PP poder institucional y se consolida un «centro» sesgado para que la derecha nunca pueda sumar. Resultado: lo consolidado y reforzado es el poder del PP, se abre nueva etapa con el sanchismo a la defensiva, y se borra a los naranjas del mapa. «Quin negoci, noia!».

Hay incomodidad en una parte de la derecha. Afecta a Vox y a algunos barones del PP, por distintas razones. Cuando Vox lea bien los resultados comprenderá que Ayuso es mucha Ayuso. Lo otro es más sutil: a la parte del PP que no desea la estabilidad de Casado en el cargo le irrita que este capitalice el aplastante triunfo madrileño. ¿Y quién lo va a capitalizar a nivel nacional? ¿Teruel Existe? El fenómeno de Ayuso como líder político nace de una decisión personal de Casado. Tuvo opciones de relumbrón que a la vieja guardia le parecían mucho más sensatas. Él apostó por Ayuso y ha ganado. Por eso le corresponde legítimamente concurrir con ese capital político a las generales, que se adelantarán.

Lo ha previsto ella al anunciar junto a don Pablo, en el balcón de Génova 13: «Hoy empieza un nuevo capítulo en la historia de España». Y también: «La forma de gobernar del sanchismo tiene los días contados». Sin olvidar ese adorno que, en un análisis más profundo, explica tantas cosas: «Espero que los tabernarios hayáis pasado un buen día».

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