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El súper del futuro ya está aquí: sin cajas… y sin colas

Lisboa inaugura el primer establecimiento comercial de última generación en la Unión Europea

La incomodidad de tener que esperar la cola para pagar en un supermercado parecía subsanada, en parte, por las cajas automáticas, como exhiben algunos establecimientos. Albergan filas que van mucho más rápidas, entre otras razones porque hay clientes que prefieren no aventurarse a utilizarlas por si acaso se les escapa cómo hacerlo. Pero ahora se acaba de dar un salto por primera vez en la Unión Europea. Portugal va más allá y pone en pie el primer supermercado sin cajas. Ni físicas, ni automáticas ni nada… simplemente, no existen.

La cadena lusa Continente, del grupo Sonae, lo llama Labs y acaba de inaugurar el primero en Arco do Cego, una zona de poder adquisitivo medio-alto de Lisboa,

detrás de la Avenida de la República, de la plaza de toros y de los jardines de la Fundación Gulbenkian.

Pago mediante ‘app’

Entonces, ¿cómo funciona? ¿Cómo se paga lo que uno compra? Pues la clave está en el teléfono móvil, donde basta descargarse la aplicación de la compañía en cuestión para tener acceso al nuevo mecanismo y abonar lo que hemos adquirido sin darnos cuenta.

Uno de los competidores de Continente, Pingo Doce, también ha entrado en la batalla y ha puesto en marcha un local de similares características en Carcavelos, a 15 kilómetros de Lisboa y lugar muy frecuentado por turistas debido a su enorme playa.

De modo que se trata de un estreno por partida doble, llamado a representar la manera de llenar el carrito de la compra de aquí a los próximos años. Y no obedece a ningún truco, claro.

Lo que destaca es un despliegue tecnológico que resulta invisible, pero sustenta la propuesta: 230 cámaras (100 de ellas inteligentes) y 400 sensores repartidos con la diáfana intención de registrar todos los productos que se han alcanzado procedentes de las hileras de estantes.

Gran Hermano

El resultado es una especie de ‘método Gran Hermano’ que sorprendería al mismísimo George Orwell, tal vez inspirador lejano de este sistema en el que, según vamos tomando artículos, quedan registrados de manera automática. No tenemos que hacer nada al respecto, pues la lista que totaliza las adquisiciones se va sumando por sí misma a la factura.

O sea, entramos en el local, elegimos los productos que deseamos y nos marchamos. Tan solo unos minutos después, recibiremos la factura correspondiente a través de la aplicación móvil que dispone la compañía.

Así sucede en determinados establecimientos de Estados Unidos desde 2017, y también en el Reino Unido, ya fuera de la Unión Europea en toda regla. Pero ahora este modelo debuta en la UE, con Portugal tomando la delantera y adelantándose al resto de países.

Otra consecuencia más es que el dinero físico (los billetes y las monedas) desaparece, como una muestra fehaciente de que la virtualidad va ganando terreno en esta sociedad tan compleja de nuestros días.

Después de utilizar este despliegue tecnológico por primera vez, el cliente pasará a quedar clasificado por la empresa, siempre con la garantía de la privacidad de sus datos.

Basta tener un ‘smartphone’ para poder acceder, mientras que, en caso de que nos borremos de la aplicación, ya no seremos capaces de utilizarla. Es una vía (otra más) para fidelizar al cliente y que prefiera ir a este tipo de locales para aprovisionarse y dejar su nevera repleta.

Pero, un momento, ¿cómo se activa todo esto al comienzo de nuestra actividad comercial? Muy sencillo: mostramos el código QR y ¡’alehop’! Las puertas se abren (literalmente).

Naturalmente, deben estar todos los elementos en correcto funcionamiento para que eliminar la posibilidad de algún hipotético percance. Por ejemplo, si algo no marcha bien en la aplicación o en nuestro teléfono móvil, pues quedaremos excluidos, al menos temporalmente.

Inversión de un millón

Desde el punto de vista de la empresa, la parafernalia tecnológica requiere una inversión más cuantiosa de lo habitual, que se concreta en un millón de euros en Continente Labs, pero también está asociada la reducción de costes de personal porque, simplemente, el oficio de cajero brilla por su ausencia. Nuestro ‘smartphone’ lee directamente el código de barras y no es necesario, por tanto, que un empleado lo pase bajo un escáner.

Queda por despejar la incógnita de saber qué es lo que acontece en el supuesto de que alguien quisiera sustraer tal o cual producto. Pues su intención estaría abocada al fracaso por obra y gracia de la inteligencia artificial.

«Es comodísimo, te olvidas de las colas», dice una ciudadana portuguesa de 55 años que no dudó en hacer uso de esta técnica tan pragmática. Y un hombre de mediana edad, llamado Pedro Madureira añade otros argumentos: «La verdad es que así se compra muy bien, es francamente fácil, no tiene ninguna complicación».

Son las consecuencias del creciente protagonismo de los departamentos de innovación de todo tipo de empresas, una estrategia fundamental en los tiempos que corren, si el empresario no quiere quedarse atrás en la carrera comercial del siglo XXI. Así las cosas, es solo cuestión de tiempo que la tendencia aterrice y se arraigue en España.

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