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El oleoducto ‘hackeado’ vuelve a operar, pero el pánico acaba con la gasolina en el sureste de EE.UU.

El estado más afectado fue Carolina del Norte, donde el 65% de las estaciones de servicio se quedaron secas. En Georgia, Virginia y Carolina del Sur, más del 43% de las gasolineras sufrieron desabastecimiento

 

 

Hace algo más de un año, el pánico por el confinamiento por la pandemia de Covid-19 hizo que los estadounidenses se lanzaran a acaparar productos de primera necesidad. Los rollos de papel higiénico volaron, como si el país fuera a meterse en un búnker durante meses. Ahora, lo que escasea en parte del país es la gasolina. El problema esta vez no ha sido el virus, sino una combinación de factores humanos: el ciberataque al que se considera el mayor oleoducto del país y la reacción de pánico comprador.

Desde el pasado viernes no opera el oleoducto de Colonial Pipeline, que surte de combustible al Sureste de EE.UU. y que conecta las refinerías de la zona de Houston (Texas)

con centros industriales de esa región del país hasta su final en New Jersey y el puerto de Nueva York. La razón, un ciberataque que penetró en sus sistemas informáticos. Los ‘hackers’ pedían un rescate a cambio de acabar con su acceso a las bases de datos de Colonial Pipeline.

El asunto ha causado una crisis energética en EE.UU. por la caída de un oleoducto que envía cada día 2,5 millones de barriles. El miércoles, con la intervención de la Casa Blanca y del Departamento de Energía, la empresa anunció que el oleoducto comenzaría a operar de nuevo. El restablecimiento completo del flujo de combustible, sin embargo, tardará días en recuperarse. Para entonces, en cualquier caso, ya se había desatado el pánico y la gasolina escaseó en un área que abarca once estados. En ellos, al menos 12.000 gasolineras se quedaron sin una gota de combustible, toda una tragedia en un país muy dependiente del coche.

El estado más afectado fue Carolina del Norte, donde el 65% de las estaciones de servicio se quedaron secas. En Georgia, Virginia y Carolina del Sur, más del 43% de las gasolineras sufrieron desabastecimiento.

La imagen que se repitió, desde Alabama a New Jersey, fue la de colas interminables en gasolineras, clientes llenando bidones de combustible, estaciones cerradas y conductores quemando gasolina, de un lugar a otro, tratando de encontrar un surtidor todavía activo.

El pánico llevó a la gasolina a un precio de más de tres dólares por galón (3,7 litros), que no se veía desde 2014. Una subida tan repentina del precio del combustible solo se experimenta en situaciones como grandes huracanes.

El aeropuerto de Atlanta podría paralizarse

Las autoridades trataron de responder con llamamientos a la calma -la escasez afectó incluso a Florida, a la que no surte el oleoducto de Colonial Pipeline- y con un refuerzo de los preparativos para asegurar que llegará combustible. Si la escasez se prolonga más días, podría tener un impacto mayor: desde impedir que despeguen los aviones desde el aeropuerto de Atlanta -el de más tráfico del país-, que funcionen transportes públicos o que se corte la producción de químicos.

Poco después del ciberataque, el FBI lo atribuyó a DarkSide, un grupo criminal que penetra sistemas informáticos de compañías o individuos para extorsionarlos. DarkSide opera desde Rusia, pero no está claro que tenga una relación con el Kremlin, como sí ha determinado EE.UU. en otros ciberataques, como el sufrido el año pasado por decenas de compañías y organismos públicos a través del software de SolarWinds.

Colonial Pipeline filtró a varios medios estadounidenses que su intención era no pagar el rescate exigido, al menos de momento.

El episodio está siendo utilizado de forma política por ambos partidos: los republicanos exigen que el país refuerce su independencia energética -es decir, que apueste menos por las renovables, como busca la Administración Biden-, mientras que los demócratas lo toman como un incidente que justifica la mejora de las infraestructuras que persigue el presidente de EE.UU. con sus ambiciosos planes de gasto.

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