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El mayor lago del mundo estuvo en Europa y era más grande que el Mediterráneo

Se trata de Paratethys, una extensión de agua de 2,8 millones de km cuadrados y a cuyo alrededor surgieron los los progenitores de los elefantes y las jirafas actuales

Hace cerca de 12 millones de años, a principios del Mioceno tardío, el continente europeo era muy diferente del actual. Hacia el sur, por ejemplo, la masa de tierra de Anatolia-Balcanes se estaba dividiendo, creando grandes lagos que más tarde se unirían para convertirse en el mar Egeo. Y lo que hoy es Italia era entonces un grupo de islas esparcidas a lo largo del Mediterráneo. Pero la característica más llamativa fue, sin duda, el Paratethys, un enorme cuerpo de agua del tamaño del Mediterráneo que se extendía desde los Alpes orientales hasta la actual Kazajistán. Se trata del lago más grande que el mundo haya conocido en toda su historia.

El gigantesco lago fue, mucho tiempo antes, un

mar epicontinental (masa de agua sobre una plataforma continental y por lo tanto poco profunda) que se formó a principios del Oligoceno, hace 34 millones de años a partir de los restos del océano Tetis. Los movimientos tectónicos fueron dejando ‘encerrado’ aquel antiguo mar, que se fue fragmentando y llenándose de sedimentos con el tiempo. Después, y tras el progresivo levantamiento de las cadenas montañosas de la Europa central, el Paratethys quedó definitivamente aislado del resto del océano y, hace 12 millones de años, el antiguo mar se transformó en un lago gigantesco. A su alrededor se desarrollaron especies endémicas, que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta.

Ahora, dos nuevos estudios ( aquí y aquí) explican en detalle cómo Paratethys llegó a formarse, y cómo los cambios ambientales que provocó ayudaron a que surgieran elefantes, jirafas y otros grandes mamíferos que hoy deambulan por la sabana africana.

La historia de Paratethys

En el primer estudio, un equipo de investigadores dirigido por el paleo oceanógrafo Dan Palcu, de la Universidad de Säo Paulo, en Brasil, determina que en el momento de su mayor extensión el lago llegó a cubrir una superficie de más de 2,8 millones de km cuadrados, un área mayor de la que ocupa el Mediterráneo actual. Y que su volumen de agua alcanzó los 1,77 millones de km cúbicos, lo que es más de diez veces la cantidad de agua que podemos encontrar en todos los actuales lagos de agua dulce y salada juntos.

Sin embargo, ese esplendor no duró demasiado tiempo (geológicamente hablando). Paratethys, en efecto, existió durante cinco millones de años, y a lo largo de ese periodo se encogió drásticamente por lo menos en cuatro ocasiones. Durante el mayor de esos episodios de contracción, el lago llegó a perder hasta un tercio de su agua, lo que disparó su salinidad, con terribles consecuencias para muchas de las especies acuáticas que lo poblaban. Solo las criaturas que pudieron sobrevivir al agua salada, como los moluscos, lograron sobrevivir para repoblar el lago cuando este volvió a expandirse en épocas de mayor humedad.

Una fauna muy particular

En el segundo estudio, capitaneado por la bióloga evolutiva Madelaine Böhme, de la Universidad de Tubinga, en Alemania, se explica cómo el lago Paratethys llegó a convertirse en el hogar de una amplia variedad de moluscos, crustáceos y mamíferos marinos que no es posible encontrar en ningún otro lugar de la Tierra. De hecho, muchas de las ballenas, delfines y focas que vivieron allí parecen versiones en miniatura de las especies que podían encontrarse en mar abierto. Por ejemplo, la especie Cetotherium riabinini, de tres metros de largo (un metro menos que los delfines mulares de la actualidad) era en realidad una ballena, la más pequeña hallada hasta ahora en el registro fósil. Un enanismo generalizado que, probablemente, ayudó a todas esas especies a adaptarse a una masa de agua que se iba haciendo cada vez más pequeña.

Según Böhme, los cambios climáticos que provocaron la contracción del lago también afectaron a la evolución de las especies terrestres. De hecho, y a medida que el nivel del agua bajaba, las nuevas zonas costeras se fueron convirtiendo en extensos pastizales, que favorecieron la evolución de los que fueron los progenitores de los elefantes y las jirafas de hoy en día, y también de las ovejas y cabras actuales.

Cuatro largos periodos de sequía entre hace 6,25 y 8,75 millones de años, opina la investigadora, empujaron probablemente a esas criaturas a emigrar hacia el suroeste de África, donde siguieron evolucionando hasta dar lugar a toda la variedad de especies que hoy puebla la sabana.

Finalmente, y en algún momento entre hace 6,7 y 6,9 millones de años, la erosión creó una salida para el agua en el borde suroeste del lago y Paratethys dejó de existir. La salida, que según los investigadores se encuentra ahora bajo las aguas del mar Egeo, dio origen a un río que terminó desembocando en el Mediterráneo. Según Palcu, sin embargo, mientras se desangraba el gran lago tuvo un último momento de esplendor: la impresionante cascada que el agua debió formar mientras fluía hacia el mar.

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