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El juez abate la tesis conspirativa del 17-A que abonó el separatismo

Tumba la teoría del abogado Cuevillas (Junts) de que el imán podría seguir vivo

El fin último de esta teoría de la conspiración, a la que se abonó una parte del independentismo, tiene como fin último desprestigiar al Estado y a sus instituciones. Consiste, en síntesis, en sugerir que los servicios de inteligencia españoles son responsables, aunque sea pasivamente, de los atentados terroristas de Las Ramblas y Cambrils, por la supuesta relación que habría tenido con el CNI el imán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, ideólogo y líder del grupo de jóvenes yihadistas. Poner en duda, como hace el diputado de Junts en el Parlament Jaume Alonso Cuevillas –abogado en el juicio de una de las familias–, que Es Satty haya muerto en la explosión accidental del chalé de Alcanar, donde

los terroristas guardaban el armamento, contribuye a alimentar esta tesis. La Audiencia Nacional, en su reciente sentencia, echa por tierra esta maniobra conspirativa.

Entre los escombros del chalé de Alcanar –que voló por los aires la noche del 16 de agosto de 2017 e hizo que los supervivientes de la célula improvisasen al día siguiente los atropellos– se hallaron restos humanos, desperdigados y confundidos con metralla. Los investigadores concluyeron que correspondían a dos personas: al joven Youssef Aalla –hermano de Said, uno de los terroristas de Cambrils– y al imán Es Satty. Cuevillas esto último siempre lo ha cuestionado, e insiste que sigue habiendo «puntos oscuros».

Pero la sentencia es contundente, y el tribunal no tiene dudas de que esos restos humanos, que por ahora reposan en el cementerio municipal de Alcanar –al no fructificar las gestiones para su repatriación a Marruecos–, pertenecen al enimático imán Es Satty.

Un aluvión de pruebas

En primer lugar porque los interrogatorios a Mohamed Houli –superviviente de la explosión y condenado ahora a 53 años de cárcel– fueron elocuentes. Dijo que esa noche estaban en el chalé Aalla, Es Satty y él. Cenaron en el patio –bocadillos de pechuga de pollo– y, mientras él recogía la mesa, los otros entraron en casa. Comenzaron a manipular sustancias explosivas – TATP, más conocido como la madre de Satán– y fue entonces cuando se produjo la deflagración accidental.

Los forenses recogieron más de 15 kilos de restos humanos, y tras diversos análisis, concluyeron que correspondían a dos personas. Que una era Youssef Aalla estaba claro –se cotejó el perfil genético con el de su hermano y sus padres– y, para el caso de Es Satty, fueron a buscar restos de ADN al piso que el imán tenía en Ripoll. Resultó que el perfil genético de las muestras obtenidas en la vivienda, por ejemplo en una chilaba, era «coincidente» con el que se obtuvo de una oreja hallada entre los escombros de Alcanar. Así lo concluyeron tanto el laboratorio biológico de los Mossos como el Instituto Nacional de Toxicología.

No acaban ahí las evidencias. Forenses de la Policía Nacional viajaron a la provincia marroquí de Chef Chauen y tomaron muestras de ADN a la madre, a un hermano y a una hija del imán. Las analizó un laboratorio de Casablanca, que concluyó también que había coincidencias genéticas.

Con este aluvión de pruebas, plasmadas detalladamente en una treintena de páginas, el tribunal concluye que «la muerte de Es Satty como verdad científicamente constatada no puede cuestionarse». También descarta, en contra de lo que sugería Cuevillas, que el imán hubiera podido escapar vivo del chalé. Pero Cuevillas insistía en Twitter: «No se ha querido investigar si el imán está muerto». Y el alcalde de Ripoll, también de Junts, se sumó a la teoría de la conspiración.

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