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El gabinete en la sombra de Mohamed VI

Moroccan King Mohammed VI greets the crowd as he stands in a limousine during a ceremony of allegiance, at the King's palace in Tetouan, on July 31, 2018, to mark the 19th anniversary of Mohammed VI 's accession to the throne. (Photo by FADEL SENNA / AFP)

El Rey de Marruecos tiene un puñado de consejeros, entre ellos Bourita, clave en el conflicto con España

Desde su llegada al trono cambió varias reglas relevantes de la forma de gobernar de su padre, Hassan II

El arbitraje real en Marruecos no es fácil de conocer ni mucho menos de interpretar, pero es básico para saber por dónde discurren las decisiones más relevantes que toma Mohamed VI. Los impulsos no son buenos consejeros y sus consecuencias no suelen ser nada positivas.

El tema esencial para todos los marroquíes sin distinción es el Sáhara. Por eso, quienes conocen o intentan acercarse al núcleo fundamental de la toma de decisiones en el entorno real destacan que las señales habituales utilizadas rondan a unas personalidades cercanas al monarca al compartir estudios universitarios. Se trata de Fouad Ali El Himma, conocido como consejero orquesta por el dominio de los temas en general, y Yassin Mansouri, responsable de los Servicios

de Inteligencia, con una eficacia y reputación internacionales. Quien consolida su labor como consejero para temas de seguridad y terrorismo y director general de la Seguridad es Abdellatif Hammouchi, que destaca como una de las piezas esenciales en el entorno del monarca marroquí.

Escasas filtraciones

Durante los últimos días, las escasas filtraciones que se han producido y que siempre están pendientes de ser contrastadas definitivamente, indicaban que Mohamed VI ha reunido a estos tres consejeros como piezas fundamentales de las relaciones con España, en el nivel más directo para sus decisiones. La influencia que puedan ejercer sobre las posiciones adoptadas viene determinada por sus trayectorias. Fouad Ali El Himma, condicionado en parte por su delicado estado de salud, siempre es partidario de mantener una posición más firme con España. Su bagaje en los Estados Unidos ofrece una visión amplia para los intereses de Marruecos que culminaron con el anuncio de Donald Trump de reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara el pasado 10 de diciembre. Es uno de los artífices de haber extendido la influencia marroquí en diversos estamentos de poder tanto norteamericanos como israelíes.

Por su parte, Mansouri y Hammouchi habrían apostado por no llegar a una situación de ruptura y por mantener los puentes en cuestiones tan estratégicas como la cooperación antiterrorista y de los servicios de inteligencia.

En esta crisis con España ha tenido un protagonismo destacado el ministro de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, que ha ido ganando enteros durante los últimos meses por el éxito de las gestiones diplomáticas con diversos países, como el ya conocido hito de Estados Unidos para los intereses marroquíes en el Sáhara, pero también con países influyentes como Emiratos Árabes Unidos, Jordania y una docena de países africanos. En el ámbito europeo destaca la recuperación de una sintonía excelente con Francia y una muy buena relación con el Reino Unido, impulsada por el Brexit y el entorno anglosajón. Los comunicados emitidos por el ministerio de Bourita han marcado una pauta dura con España, con unas formas y un lenguaje directo novedosos, defendiendo con firmeza las posiciones marroquíes y criticando la actuación del Gobierno español con argumentos esquemáticos, amplios y directos. Bourita ha crecido en los asuntos exteriores de la mano del consejero real y exministro Taieb Fassi-Fihri, que prefiere ser un personaje cauto y poco dado a declaraciones o apariciones públicas. Un perfil que sigue la discreción habitual de Fouad Ali El Himma, persona reservada incluso cuando fundó el PAM, el Partido Autenticidad y Modernidad, con unas relaciones intermitentes con los líderes islamistas moderados del partido Justicia y Desarrollo, en el Gobierno desde hace dos legislaturas.

En el ámbito de la presencia en medios de comunicación, además del ministro Bourita, hay que valorar el papel de la embajadora en Madrid llamada a consultas por Rabat, Karima Benyaich. Hermana del anterior embajador, Fadel Benyaich, son de madre granadina, muy cercanos a la familia real y con cierto peso durante la evolución de la crisis al representar el canal diplomático más directo y ser quien más ha reprochado en público al Gobierno español no haber dado ni información ni explicaciones, más allá de intervenciones públicas donde las razones humanitarias resultaban claramente insuficientes, sobre la acogida del líder Polisario Brahim Gali.

En el entorno de Mohamed VI, a la hora de tomar decisiones, tienen su espacio el consejero de educación y exembajador en España, Omar Azziman, responsable de la nueva estructura regional de Marruecos; el empresario y secretario personal del Rey, Mounir Majidi, que es presidente de la empresa Siger, y André Azoulay, con especial influencia en el entorno judío y con especial sensibilidad hacia España desde la época de Hassan II por su copresidencia de la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo. Y fuera del entorno de los consejeros, Aziz Ajanuch, ministro de Agricultura y Pesca, presidente del partido Reagrupamiento Nacional de Independientes, y amigo personal del Rey tiene una influencia notable.

Un estilo distinto

Desde su llegada al trono, Mohamed VI cambió varias reglas relevantes de lo que venía siendo la forma de gobernar de su padre, Hassan II. Sin duda, uno de los puntos de referencia fue la reforma de la Constitución de 2011, antes el nuevo código de familia y los derechos de las mujeres, la modernización de las infraestructuras, las energías renovables y, algo fundamental en los últimos dos años: el cambio del modelo de producción para afrontar el gran reto de la desigualdad.

En ese estilo propio, Mohamed VI cambió la forma y los métodos de sus consejeros e impulsó la creación de comités especializados para abordar las cuestiones relevantes del reino. En lo que se refiere a lo que se puede considerar un gabinete en la sombra con sus consejeros, Mohamed VI lo impulsó en dos direcciones: modernización y normalización. Dentro de una estricta discreción, pero con mayor visibilidad y transparencia, destaca una novedad en el funcionamiento: la especialización de cada consejero para ganar eficacia y consistencia en sus asesores, que han ejercido sus cargos en la administración y conocen el funcionamiento interno. Son los casos de Fassi-Fihri en Exteriores, Yassir Zenagui en Turismo, Abdeltif Menouni para la Constitución y Omar Azziman en Educación. Sus funciones son consultivas, quien decide es el Rey, pero las decisiones reales citan a menudo altas orientaciones, directivas o instrucciones.

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