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El confinamiento domiciliario se vuelve un arma «inevitable» para acabar con la tercera ola del coronavirus

Murcia, Asturias, Andalucía y Castilla y León encabezan la petición al Gobierno para contar con herramientas jurídicas con las que puedan ordenar el encierro

Las comunidades autónomas se quedan sin armas ni escudos contra el coronavirus. Tras exprimir al máximo todo el margen que le dan las restricciones que permite el Gobierno en el decreto de estado de alarma aprobado hasta el 9 de mayo, regiones como Castilla y León, Asturias, Andalucía y Murcia piden dar un paso más para poder contar con la posibilidad jurídica de aprobar el confinamiento domiciliario y así cortar la transmisión. También se une a ellas La Rioja, que recomienda a la población autoconfinarse. La desprotección que dicen sentir las regiones es tal que Pablo Casado, líder del Partido Popular, denunció ayer que el presidente del Gobierno «no hace nada» y «abandona a su suerte» a las autonomías.

«El Gobierno debe plantearse lo que han solicitado varias comunidades. Debe tener la herramienta para tomar la determinación, si fuera preciso, de un confinamiento breve e intenso», defendió ayer el vicepresidente y portavoz de la Junta de Castilla y León, Francisco Igea, un día después de que el presidente desistiese porque el Gobierno «zanjó» el debate. Lo que pide la comunidad es, por tanto, tener la posibilidad de tomar medidas más drásticas con el necesario amparo legal. La herramienta, incidió Igea, tiene que estar lista «lo antes posible», tiendo en cuenta que tras la aprobación por parte del Gobierno debe contar con el apoyo de la mayoría del Congreso. «Y tiene que moverse quien tiene que moverse», recalcó el vicepresidente de la Junta. Su petición es la misma que hizo el socialista Javier Lambán cuando vio desbocarse la pandemia, en su segunda ola, en Aragón.

Mientras los contagios se disparan ahora (ayer hubo casi 36.000), el ministro de Sanidad, Salvador Illa, argumenta que con las medidas disponibles es suficiente. Fernando Simón, director del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias, comparte su postura, pero ayer moduló su discurso y dejó la puerta algo más abierta. «Ahora mismo, no parece necesario el confinamiento completo. Veremos en el futuro», señaló. Simón admitió que en las últimas semanas el incremento ha sido más rápido, porque «ha habido más gente transmitiendo. La situación no es igual que en la segunda ola, pero la diferencia no es exagerada». La escalada de la segunda ola tardó un mes; en la tercera, dos semanas.

Abocados al domicilio

Entre los expertos en Salud Pública y Epidemiología hay discrepancias pero en su mayoría apuestan por volver al confinamiento. Para Francisco Guillén, responsable de la Unidad de Medicina Preventiva de la Clínica Universidad de Navarra, es algo «inevitable» si se tiene en cuenta cómo crece la curva y anima a las autoridades a actuar «cuanto antes». «Las medidas de Navidad deberían haber sido más duras y ahora nos vemos obligados a pedir un confinamiento para no superar los mil muertos diarios como ocurre en países de Europa», añade José Polo, presidente de Semergen, la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria.

Coincide con ambos Francisco Caamaño, profesor titular de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Santiago de Compostela. «Si la incidencia y los contagios no se logran controlar ni se reducen en las próximas dos semanas, lo más sensato sería un confinamiento», defiende.

El confinamiento es muy efectivo desde el punto de vista epidemiológico, pero letal para la economía

No obstante, antes de llegar a esta situación extrema -que es muy efectiva desde el punto de vista epidemiológico, pero letal para la economía- los expertos recomiendan endurecer al máximo posible las restricciones permitidas. Adelantar el toque de queda, el cierre de establecimientos no esenciales y grandes superficies son sus propuestas. Sin embargo, la mayor parte de los contagios en nuestro país se producen en las reuniones. ¿Qué medida puede frenar esto? La única opción es la prohibición de las reuniones entre personas no convivientes, como han instaurado Murcia, Mallorca e Ibiza y se están planteando comunidades como Castilla y León.

Por su parte, el virólogo Estanislao Nistal, profesor de Microbiología de la Facultad de Farmacia de la Universidad CEU San Pablo, afirma que «tanta disparidad en las normas puede dar idea de que una medida no es tan necesaria porque en otro lugar se toma otra distinta», por lo que pide reglas básicas comunes. La de reunir solo a convivientes «debería ser una de ellas», señala. Aun así, Nistal se mantiene contrario a otro confinamiento total. «Desde el punto de vista virológico, cuanto más estricto sea mejor, pero no vivimos en un mundo en el que podamos comer del aire. La economía española no soportaría venirse abajo, sobre todo el pequeño comercio», reconoce. Ahora, «hay que hacer virguerías para controlar la transmisión sin cerrar».

Los expertos que sí defienden el confinamiento se pronuncian en línea con la consejera de Sanidad de Castilla y León, Verónica Casado, que apuesta por un encierro «breve, pero intenso». De tener esa posibilidad, Igea señaló que «no» sería un confinamiento como el de marzo, sino más bien parecido al de la desescalada, de mayo, con «restricción total de la actividad no esencial», limitación de movimientos y «márgenes» para permitir la actividad física en la calle.

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