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El Algarve, el destino vacacional de españoles e ingleses no logra controlar la explosión de la variante Delta

La incidencia del virus llegó a los 823 casos por cada cien mil habitantes este fin de semana, una situación «fuera de control», según el Gobierno luso

La propagación de la variante Delta del coronavirus alcanza tal dimensión en Portugal que los planes de desconfinamiento han saltado por los aires y el Gobierno socialista de Antonio Costa va dando pasos atrás en su intento desesperado por atajar el repunte. Aunque los casos se han multiplicado, la incidencia del virus afecta sobre todo a los tramos más jóvenes de la población, por lo que la expansión del virus no se traduce en una mayor presión hospitalaria ni en un mayor número de fallecidos.

Solo los archipiélagos de Azores y de Madeira se mantienen al margen de la situación del Portugal continental, que ha visto cómo los contagios crecían en la región de Lisboa, en las cercanías de Oporto y en la franja del Algarve. Así las cosas, a nadie puede extrañar que el Ministerio de Sanidad luso haya decidido recuperar algunas restricciones como el toque de queda, restaurantes cerrados a las 15.30 horas los fines de semana o la prohibición de salir y entrar del área metropolitana de Lisboa los viernes desde las 15.00 y también los sábados y los domingos. A este paquete de medidas hay que sumar además la vuelta al ‘estado de calamidad’, un síntoma de que la ansiada ‘normalidad’ no termina de llegar.

Desde el pasado 1 de mayo, las fronteras terrestres entre ambos países han recobrado la libertad que tanto echaban en falta y, en la actualidad, no existe ninguna condición previa para saltar de uno a otro lado, es decir, no se exige PCR. Sí la piden, en cambio, por vía aérea o, en su defecto, el certificado de vacunación.

Nada que ver, por tanto, con las cortapisas en vigor para los pasajeros de Francia o Reino Unido, que recomiendan a sus ciudadanos no trasladarse a Portugal como medida de precaución, algo que no sentó nada bien al Ministerio de Asuntos Exteriores. Se da la circunstancia de que la ciudad de Albufeira, el centro vacacional del Algarve, vive una situación epidemiológica difícil debido a la extensión de la cepa Delta originada en India. La incidencia del virus se disparó el pasado fin de semana hasta los 823 casos por 100.000 habitantes, una tasa desorbitada.

Estas cifras preocupantes motivaron que la ministra de Presidencia, Mariana Vieira da Silva, sentenciara a inicios de esta semana: «La situación epidemiológica está fuera de control». El aumento de los contagios obligó a las autoridades sanitarias del Algarve a suspender las actividades escolares en el tramo final del curso. «Tenemos que cortar esas cadenas de transmisión y por eso es mejor que los alumnos se queden en sus casas. En caso contrario, la situación puede agravarse», manifestó Ana Cristina Guerreiro, delegada del Gobierno para la Salud.

Es verdad que el panorama sanitario general del país vecino no es tan negro como en los meses de enero y febrero, pero el presidente del Centro Biomédico de Faro, Nuno Marques, advierte que «incluso estando vacunados, hay hábitos como la distancia física de seguridad, la mascarilla o la higienización frecuente de las manos que han llegado para quedarse en nuestra sociedad».

Por carretera, el sentido de reciprocidad está vigente en toda regla y no se exige ningún documento sanitario para entrar en España desde Portugal. Por el contrario, el certificado oficial le será requerido si pretende viajar a bordo de un avión.

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