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Drones, los agentes del siglo XXI contra el botellón

Desde la puesta en marcha de la Unidad en la Policía Municipal, los aparatos funcionan 24 horas al día

Se trabaja en nuevos ‘softwares’ que permitan la identificación de matrículas y el reconocimiento facial

En una zona verde de la capital, más de una docena de personas se reúne sin respetar las medidas de seguridad: las mascarillas y la distancia parecen no existir para el grupo de jóvenes que se concentra en torno a un pequeño banco. La fiesta se termina de repente. La oscuridad de la noche que invade la Dalieda de San Francisco se ve alterada por un gran foco de luz que los alumbra desde las alturas. Unos echan a correr; otros simulan alejarse metro y medio como las normas estipulan. Al ver que el faro no se apaga, tan solo un minuto y medio después, todos deciden irse, excepto un rezagado que aprovecha para salir de entre los arbustos

con una bolsa de plástico verde y algo que parece ser una botella de cristal. Los amigos lo esperan unos metros más adelante, latas en mano. La escena es una de las últimas grabadas por un dron de la Policía Municipal, el nuevo ‘agente’ del siglo XXI que, en este caso, permitió a los policías disuadir un pequeño botellón.

Pero no solo para poner punto y final a una celebración sirven estas naves no tripuladas. Desde que la Unidad de Medios Aéreos se puso en marcha, en diciembre del año pasado, no han parado de trabajar: alzan el vuelo cuando el sol aún no ha salido y regresan a tierra cuando la ciudad todavía duerme. Inmediatamente, retoman la actividad. Trabajan igual que los agentes: en tres turnos, es decir, mañana, tarde y noche, para que Madrid y sus vándalos estén siempre vigilados. «Han nacido en plena pandemia y desde el principio han estado trabajando 24 horas al día todos los días, en todos los turnos de servicio, incluido el de noche, en las más variopintas misiones. Aunque debido al coronavirus no hubiese actividad en la ciudad, hay un requerimiento para que estén a pleno rendimiento», declara a ABC el comisario José Luis Morcillo, responsable del operativo de los drones.

Cuando habla de misiones, el comisario principal de la Policía Municipal de Madrid se refiere a que acompañan a los agentes en todo tipo de operativos e intervenciones que se han acometido en estos primeros siete meses de vida: desde el control de las zonas básicas de salud, cuando estaban en vigor los cierres perimetrales, hasta la búsqueda del cuerpo de Clara, la pequeña que se ahogó en el pantano de San Juan, pasando también por el Orgullo y las quedadas masivas para beber al aire libre.

Uso y refuerzo

«Tenemos 22 drones de siete tipos diferentes, con ‘softwares’ distintos según el servicio. Se han empleado para controlar si los vehículos y las personas a pie salían del perímetro definido sin motivo y dar la información al equipo en tierra; en el toque de queda ‘patrullaban’ en zonas habitualmente concurridas, como parques, y veían si había personas escondidas gracias a la luz y a los infrarrojos», continúa Morcillo, que pone en valor también el trabajo que hacen con los Bomberos Samur-Protección Civil, destacando el operativo de la explosión en la calle de Toledo. «Se utilizó el dron para ver el estado de la estructura del inmueble y evitar que los bomberos se metieran en zonas peligrosas», explica.

Con el fin del estado de alarma y la obligatoriedad de estar en casa antes de la medianoche, estos equipos frustran ahora los planes de miles de jóvenes, a los que las ganas de fiesta les impiden valorar la todavía peligrosidad de la pandemia y los contagios. Este fin de semana realizarán control, entre otras zonas, en el entorno del Templo de Debod, uno de los puntos calientes del botellón en Madrid, donde hace dos semanas 400 personas se divertían entre cubata y cubata. En este sentido, además, se mantendrá el refuerzo de 200 agentes que prestarán especial atención al parque de Las Vistillas, Oeste o las concurridas plazas del centro, anunció la delegada de Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento, Inmaculada Sanz.

Pero las funciones de los drones no terminan aquí. El objetivo es seguir creciendo y perfeccionando sus usos. Así, la Policía no descarta que en un futuro ayuden en la reconstrucción de accidentes de tráfico, vigilancia de las vías de entrada y salida de la capital y en supuestos de atascos masivos por obras. «Los drones son un apoyo, abren un horizonte absolutamente nuevo e ilusionante. Estamos llegando a donde antes no lo hacíamos y colaborando con otros cuerpos como Guardia Civil Policía Nacional y tenemos requerimientos de áreas del Ayuntamiento y de la Comunidad de Madrid», afirma el responsable del operativo.

En el próximo paso que darán estas naves será la puesta en práctica de un servicio de identificación de matrículas, conteo de aforo en aglomeraciones y manifestaciones y reconocimiento facial, una operativa que ya están desarrollando. «La identificación de matrículas y el conteo son muy importantes para nosotros. Con este último, por ejemplo, terminaremos con el baile de cifras que siempre existe en las concentraciones», indica Morcillo.

Formación

Pero no todo el mundo puede hacerlos volar. Los agentes que forman parte de la unidad de drones cuentan con una formación específica, titulación de piloto y una acreditación de permiso para vuelo. «No son policías al uso», apuntilla el comisario principal. «Los que están en esta sección orgánica deben tener una formación constante, porque el mundo tecnológico está en constante evolución», subraya. Cuando se anunció su puesta en marcha, eran siete personas las que conformaban la unidad; ahora son entre 20 y 30 policías dedicados a los medios aéreos, dependiendo de los turnos y las exigencias del servicio. «Es una unidad con futuro y crecimiento. Queremos seguir creciendo, adquirir más drones y tener más personal, algo que dependerá del presupuesto municipal», expone Morcillo.

La vista está puesta ahora en el final de la pandemia, el avance de la vacunación y la recuperación de actividades que hace más de un año que no se realizan, como los festivales de música. Así, colaborarán con el servicio que controla los espectáculos públicos, vigilando los aforos y las entradas. Las necesidades de permisos, intervenciones y funciones aumentará de forma proporcional a la reducción de limitaciones individuales y grupales impuestas por el coronavirus.

De experiencias puntuales, sin estar organizado, los drones y sus pilotos han conformado en tiempo récord la Unidad de Medios Aéreos, clave durante la pandemia en el control de las restricciones; en Filomena, para atisbar los daños en los tejados de edificios y ramas de los árboles; en el control de entrada y salida al Rastro; los botellones de San Isidro y el Orgullo; y hasta la celebración de Liga del Atlético en Neptuno. El futuro se presenta como un horizonte de múltiples posibilidades, muchas de ellas –como con todo lo relacionado con la tecnología– inimaginables a día de hoy.

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