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Dentro del mercado negro de placentas en China

Dentro del mercado negro de placentas en China
Dentro del mercado negro de placentas en China
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Asimple vista, parecen cajas llenas de champiñones fritos o de hongos secos, muy populares en China, que se echan al caldo para darle sabor. En primera fila están los que tienen un tono marrón amarillento. Los que hay detrás son más grandes y oscuros. El aspecto se debe a la coloración con curcumina que se incorpora después de la cocción. La textura esponjosa se la da la harina.

No son champiñones. Tampoco hongos. Lo que se ve en la fotografía son los órganos, ya hervidos, que envuelven al feto durante el embarazo: las placentas. Y se venden a 1.300 yuanes (167 euros) el kilo en la segunda planta del mercado de medicina tradicional china de Bozhou, una ciudad en la provincia de Anhui, al noreste de China.

“Aquí no vendemos placentas humanas. Está prohibido”, asegura por teléfono un distribuidor del mercado cuyo contacto aparece en un directorio sobre productos de medicina china en Anhui. Horas después, en un segundo intento con un interlocutor chino que se hace pasar por un comprador de Pekín, el distribuidor, de apellido Hua, cambia totalmente su discurso. “El precio se puede rebajar dependiendo de la cantidad que quiera comprar”, reconoce esta vez.

“La ziheche [la placenta humana que se usa en la medicina tradicional] es buena para tratar el asma y la bronquitis, para nutrir al riñón y para los problemas de impotencia e infertilidad en los hombres“, cuenta Hua. “Nosotros la procesamos para venderla en seco, no ofrecemos placenta humana fresca porque puede contener muchos virus. Pero hay mercados donde sí la puedes encontrar sin procesar porque hay gente que prefiere comérsela directamente, trocearla y echarla a una sopa o, incluso, preparar albóndigas”.

En los hospitales de China, las madres tienen la opción de quedarse con su placenta tras el parto. Algunas se la llevan a casa para comérsela o dársela a algún familiar. Según contaba esta semana al diario chino Global Times Huang Cheng-sheng, obstetra del Hospital Popular de Shanghai, es común que los ancianos coman placentas humanas porque creen que son ricas en nutrientes.

Este medio recoge varios testimonios, como el de una mujer que reconoce que entregó su placenta a su abuela y a su suegra. Otra madre cuenta que, tras dar a luz, envió su placenta a una tienda de Shanghái, donde la procesaron en un polvo que se metió en cápsulas. Otra señora, que se dedica al procesamiento de placentas en la provincia de Zhejiang, en el este de China, detalla que su trabajo es buscar a las mujeres que acaban de dar a luz y ofrecerles la opción de meter sus placentas en esas cápsulas. “Procesarlas en cápsulas se ha convertido en un gran negocio en China porque algunas personas pueden sentirse incómodas al comerlas directamente”, explica Chengsheng.

Después del parto, si la mujer no quiere quedarse con la placenta, tiene que firmar un formulario de consentimiento para que el hospital proceda a su eliminación como desecho médico. Aquí es donde aparece el mercado negro. Sin conocimiento de las madres, algunos trabajadores de los hospitales o de las plantas donde acaban las placentas para su eliminación, las venden a los distribuidores como Hua, en la ciudad de Bozhou, por alrededor de 80 yuanes (10 euros) cada una. Estos, a su vez, las procesan y las envían a los mercados.

Hace muchos años que la ciudad de Bozhou es conocida como el mayor mercado negro de placentas en China. La ley del país asiático es vaga en cuanto a la venta de este órgano. Por un lado, desde 2005 está prohibido su comercio. Por otro, sí que se sigue permitiendo para producir medicina china.

“Esto provoca que se siga vendiendo placenta fresca y procesada en muchos mercados, no sólo en Bozhou: también la hemos encontrado en otras provincias”, cuenta el investigador Duan Jingwen, que colabora con la revista estatal The Paper y que lleva años siguiendo el rastro del tráfico de placentas humanas en China.

“El mercado negro está más activo que nunca. Varios comerciantes dicen que antes el kilogramo de placentas secas solía costar alrededor de 700 yuanes (90 euros), ahora el precio se ha duplicado“, explica Duan. El investigador contactó en febrero con varios distribuidores en Pizhou, en la provincia de Jiangsu, que revelaron cómo en 2020 procesaron 130.000 de placentas humanas para convertirlas en productos secos y venderlas en los mercados.

“Muchos distribuidores dicen que la hierven para que pierda las bacterias y virus. Pero si la madre está infectada de hepatitis B, rubeola o VIH, no se elimina con la cocción. La placenta contiene mucho flujo sanguíneo, es fácil propagar enfermedades infecciosas transmitidas por la sangre sin una desinfección estricta en una clínica”, dice Duan.

Varios medios chinos han alertado esta semana de que las placentas también se venden en populares páginas de comercio electrónico. La mayoría de los vendedores usa nombres en clave para describir sus productos, en lugar de anunciarlos directamente como placentas. Por ejemplo, en Xianyu, una plataforma de artículos de segunda mano del gigante Alibaba, la placenta de un niño se vende a 480 yuanes (61 euros) y la de una niña a 450 yuanes (57 euros). La diferencia de precio se debe a una antigua creencia en la medicina tradicional china: la placenta de un bebé varón tiene mayores beneficios para la salud.

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