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Dave Rubin: «La izquierda hoy actúa como una secta»

En su ensayo ‘No quemes este libro’ (Planeta), éxito de ventas en EE.UU. y publicado ahora en España, el autor afirma que lo que llama «la mafia progre» es «autoritaria», «racista» y «sexista»

Dave Rubin (Nueva York, 1976) ha cometido uno de los peores pecados a los ojos de la izquierda estadounidense. Este influyente opinador estadounidense es gay, se ha casado con su marido y está ampliando la familia, además por subrogación. Pero se niega a definirse como progresista. Es más, ha denunciado que «el postureo ético de la izquierda sólo es un alarde de falsa moralidad». En su ensayo ‘No quemes este libro‘ (Planeta), éxito de ventas en EE.UU. y publicado ahora en España, Rubin afirma que lo que llama «la mafia progre» es «autoritaria», «racista» y «sexista». El libro es un resumen de las ideas que suele defender en su exitoso programa ‘El informe Rubin’, que se emite en

YouTube y tiene 1,6 millones de suscriptores. Atiende a ABC desde su casa en California.

—Leyendo su libro, tengo la impresión de que usted ha salido del armario dos veces.

—Irónicamente, la primera vez que salí del armario, cuando revelé mi sexualidad, fue mucho más fácil que cuando revelé mis ideas políticas. La cuestión es que salir del armario es algo que me provocó un tormento a mí mismo, una pelea interior. Pero cuando salí políticamente del armario, es decir, cuando decidí admitir que no soy de izquierdas, recibí un odio que no esperaba. No recuerdo la cantidad de amigos que perdí, los familiares que se enfadaron, la cantidad de insultos que se publicaron sobre mí en los medios. Fue un precio alto el que tuve que pagar, pero bueno, valió la pena.

—¿Por qué le parece imposible ser gay y renunciar a ser de izquierda?

—Bueno, cada vez son más los gays que se dan cuenta de que la izquierda no tiene soluciones. Hay muchas razones por las que la comunidad gay ha quedado atrapada en ese izquierdismo. La razón principal es que se atribuye a la izquierda la lucha por el matrimonio gay. Bien, y la verdad es que de eso no cabe duda. La izquierda luchó por la igualdad de las personas homosexuales. Una vez que se consigue la igualdad, las cosas ya cambian. Se espera que todos los homosexuales sean una especie de grupo monolítico en el que todos deben pensar de la misma manera. Se acepta que la sexualidad dicte hasta las creencias políticas. ¿No tiene más sentido que, una vez que somos iguales, podamos tener posturas diferentes sobre los impuestos o el aborto o cualquier otra cosa?

—Usted afirma que la izquierda contemporánea funciona con una serie de normas, como una iglesia, como un credo.

—Más que como la Iglesia, yo diría que la izquierda en realidad actúa como una secta. Es decir, en esencia, nos dice que no se te puede considerar gay a menos que creas lo que ellos dictan. No eres una persona de raza negra, a menos que aceptes todos sus puntos de vista. No eres una mujer si no aceptas lo que ellos dicen. No puedes disentir. Es algo totalitario. De hecho, es muy antihumano, porque lo que separa a los humanos de los animales es que tenemos la capacidad de pensar. Pero dicen que no tienes que pensar si eres gay, si eres negro. Y, por cierto, si piensas diferente, estás fuera. Eres malo.

—Se cumplen 40 años del inicio de la epidemia de sida. En 1981, cuando los gays morían en San Francisco a decenas, hubo algunos de ellos que defendieron un cambio de estilo de vida, optar por el sexo seguro, para prevenir el contagio. Inmediatamente les tacharon de ‘nazis’, de ‘fachas’. Son palabras que se emplean contra usted…

—A principios de los años 80, cuando comenzó la crisis del sida hubo quienes propusieron cerrar las saunas porque sabían que en ellas se estaba propagando el virus que estaba matando a tantos gays. Entonces la izquierda comenzó a llamar homófobas a esas personas, nazis, fascistas. Y esas palabras tan peligrosas se siguen usando hoy. Este conjunto de ideas se ha convertido en una secta, dominada por unos pocos desde arriba. Prefiero un sistema con mayor libertad, más armado desde abajo hacia arriba.

«Yo diría que la izquierda en realidad actúa como una secta. Es decir, en esencia, nos dice que no se te puede considerar gay a menos que creas lo que ellos dictan»

—Usted se define como liberal, y eso tiene significados muy distintos en diferentes partes del mundo. Defíname qué es ser liberal.

—Cuando hablo de liberalismo me refiero a la defensa de los derechos individuales, de la verdadera igualdad, de que todos los que son miembros legales de una sociedad sean tratados exactamente igual, bajo la ley. Creo en el mercado libre y no soy un libertario puro, porque estoy convencido de que el estado tiene algún papel en la vida de los ciudadanos. La pandemia ha cambiado algo mi perspectiva sobre ese punto, porque creo que la educación impartida por el estado es muy deficiente. Prefiero un sistema que ayude a los estudiantes, no un sistema que ayude a las escuelas. En fin, viva y deje vivir, ese es el liberalismo que intento defender.

—¿Y el aborto, como cae en esa filosofía?

—La del aborto fue, con mucho, la parte más difícil de escribir en el libro. Mi argumento no es que la vida no comience con la concepción. Creo que sí comienza ahí. Mi esposo y yo estábamos en medio del proceso de gestación subrogada en este momento, y sé que cuando el esperma se encuentra con el óvulo, básicamente ya tienes el embrión, y ese es el comienzo de la vida. Lo que sostengo en el libro es que querría que el aborto fuera seguro, y poco común. Lo que está pasando ahora con la izquierda es que están de acuerdo con el aborto en cualquier momento, el aborto de ocho meses les parece bien. Aquí en EE.UU. defienden un aborto posparto, que es un asesinato. Dicho esto, en una sociedad con diferentes normas culturales, y diferentes creencias religiosas y filosóficas debe haber algo de flexibilidad, porque si no la hay, la gente seguirá teniendo abortos y lo harán en lugares peores y de formas mucho más peligrosas. Y se convertirá en algo de clase: los ricos todavía encontrarán la manera de hacerlo, y serán las personas pobres las que sufran.

—Sobre la gestación subrogada, hay un debate muy intenso en España. El feminismo clásico, la izquierda ortodoxa, se oponen, lo comparan a la prostitución.

—No me extraña, porque la izquierda no está a favor de la libertad, así que no le gusta que las personas individuales tomen decisiones. Mi marido y yo estamos en pleno proceso de subrogación en este momento, y es un proceso extremadamente complejo, costoso y duro. Muchas de estas mujeres no lo hacen por dinero sino porque tienen el don y la capacidad de ayudar a otras personas a ampliar su familia. Y aunque lo hicieran por dinero, tampoco hay nada malo en eso. El problema sería si se obliga a las mujeres a hacerlo, como en ‘El cuento de la criada’.

«La izquierda no está a favor de la libertad, así que no le gusta que las personas individuales tomen decisiones»

—Para acabar le voy a dar una serie de nombres para que me diga qué opina de ellos, según su ideología liberal. Margaret Thatcher.

—[Ríe] Una líder conservadora, pero liberal. Una liberal, en verdad.

—Ronald Reagan.

—Lo mismo. Mire, ahora cuando voy al gimnasio para animarme me pongo discursos de Reagan, y estoy de acuerdo con todo lo que dice.

—Trump.

—[Ríe] Trump en muchos sentidos era un liberal, la idea suprema del individuo. Creo que Trump quería darle libertad a la gente y eso realmente iba en contra del sistema. Y, bueno, obviamente no salió exactamente como él lo hubiera deseado.

—Obama y Biden.

—Son lo mismo. [Ríe] Porque Obama es quien mueve los hilos. No son liberales. Puede que Biden lo fuera hace unos 30 años, pero ya no lo es. Son claramente izquierdistas.

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