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Caso Samuel Luiz: el enfermero que levantó a una sociedad contra la homofobia

El asesinato del joven gallego ha puesto la lupa en el aumento de las agresiones contra el colectivo homosexual

Samuel no había hablado en casa de su condición sexual. La única vez que se sacó el tema, el joven de 24 años le dijo a su padre Max, de origen brasileño: «Lo que uno es o deja de ser es cosa de cada uno. Hay tiempo para hablar las cosas y ahora no es el momento». Cómo iba a saber entonces ninguno de los dos que no. Que no iba a haber mucho más tiempo para hablar de nada. Ni siquiera cuando le estaban matando a Samuel le dejaron tiempo para decir nada ni para defenderse, le arrebataron la única posibilidad que tenía de salir con vida de aquella «manada» que le encapsuló para darle golpes hasta matarlo y por eso este crimen será, a todas luces, calificado como un asesinato.

Ocurrió hace hoy una semana en A Coruña. Era la tercera noche de discotecas abiertas en Galicia y su grupo de amigos decidió salir a cenar por ahí. El verano acababa de comenzar y, tras de año y medio de pandemia, lo habían cogido con ganas. Después de la cena, tres amigos decidieron ir a tomar una copa a la zona de garitos del paseo marítimo de la ciudad. Entraron en el pub «El Andén» y salieron a fumar un cigarro él y su amiga Lina pasadas las 2:30 horas de la madrugada. Ya en el exterior, Lina llamó a su novia, Vanessa, por videollamada y comenzaron a andar por el paseo marítimo hablando a través de la pantalla.

“¡Que no me grabes, maricón!”

Mientras, el grupo de chavales que más tarde le quitaría la vida, acababa de salir también de otro local de copas, la sala «Moon» y, en un momento dado, sus caminos se cruzaron. Ya desde lejos el grupo agresor venía advirtiendo de que una pareja (Lina y Samuel) iban sujetando un móvil a la altura de la cara. ¿Creían que les estaban grabando o fue solo una excusa para comenzar una discusión? Lo que sí fue es el pretexto para dirigirse a ellos en tono hostil. «¡Eh, no me grabes!», comenzó diciendo un chico que iba acompañado de una mujer. «No te estamos grabando, estamos haciendo una videollamada», explicaron Lina y Samuel. Dio igual. Se acercaron más –hasta el punto en que la propia Vanessa, desde el otro lado del teléfono, los vio– y volvieron a repetir, ya dirigiéndose a Samuel: «¡Que no me grabes que te mato, maricón!», a lo que Samuel contestó: «¿Maricón de qué?», según explicó la propia Lina. A partir de ese momento todo sucedió muy rápido. El primer golpe se lo pegó este joven, ya detenido por la Policía, al igual que la amiga y otro más que se sumó con ganas después. Los puñetazos fueron en aumento y se fue acercando la gente. También se sumaron a la trifulca desconocidos que trataron de ayudar a Samuel, como un chico de origen senegalés que trató de separarles y al que Max, el padre del fallecido, agradeció esta semana el gesto con un sentido abrazo.

Una “manada”

En esos primeros momentos de caos, Lina corrió a buscar ayuda y cuando volvió Samuel ya estaba en el suelo. Le dijo que buscara su teléfono: lo había perdido o se lo habían quitado. Efectivamente se lo había quitado otro joven, el cuarto detenido por la Policía. Ya en el suelo la «manada» siguió cebándose con él. Se aprecia ensañamiento. Pero con lo que no contaba esta «jauría» que acorraló a Samuel era que estaban siendo grabados en casi todo momento. Cámaras de videovigilancia del Ayuntamiento, de comercios privados e incluso de móviles particulares. Las imágenes han sido de gran ayuda para los agentes encargados de la investigación. Fuentes policiales que han tenido acceso a su visionado narran imágenes grotescas. En unas se ve a Samuel andando normal, aún con vida, y otra capta un recorrido de unos 150 metros donde el chico ya huye de sus agresores tapándose a duras penas de la lluvia de puñetazos y patadas que le cae. Finalmente Samuel cae en el número 2 de la avenida de Buenos Aires. Ya en el suelo, cuando se ve perfectamente que el chico está inerte, sus agresores continúan propinándole fuertes patadas en la cabeza y por todo el cuerpo hasta que deciden largarse dejándole en coma. Un grupo de tres adultos acudieron en su auxilio: fueron quienes le pusieron de lado y llamaron a la ambulancia. La primera llegó sobre las 3:15 horas, según el Servicio Gallego de Salud, pero tuvieron que enviar una segunda, ya medicalizada, para tratar de reanimar al chico. Estuvieron mucho tiempo y finalmente lograron cogerle el pulso pero apenas entraba al hospital falleció.

Trauma craneal

La autopsia, como avanzó este diario, revelaba un fuerte traumatismo craneoencefálico como causa de la muerte aunque su cuerpo estaba politraumatizado. El Grupo de Homicidios de la Brigada Provincial de Policía Judicial de A Coruña se hizo cargo de la investigación, que instruye el Juzgado de Instrucción número 8, en funciones de guardia de detenidos aquella noche y que ha declarado secreta. El trabajo de los agentes ha sido muy minucioso. Comenzaron a tomar declaración a testigos presenciales: no solo a las amigas del chico sino a gente que estuvo aquella noche de fiesta, que trató de ayudar o que explicó quiénes eran los agresores. Estos testimonios han sido cruciales para identificar algunas imágenes clave porque no todas las cámaras que captaron la agresión aportan información nítida y han tenido que hacer cierto «encaje de bolillos». También han sido de gran importancia imágenes captadas por el móvil.

Condena viral

A la mañana siguiente, amigos y conocidos compartían la foto de Samuel explicando que le habían matado por ser homosexual: la oleada de indignación y solidaridad en redes sociales (el pasado fin de semana, además, se celebraba en Madrid la manifestación nacional por el día del Orgullo Gay) pronto se trasladó a la esfera política y a la sociedad en general. ¿Existe un delito de odio si te matan al grito de «maricón» aunque no sepan si lo eres? ¿Somos una sociedad homófoba por ser «maricón» un insulto popularizado? El debate ya está ahí y, aunque la investigación policial no aprecia, de momento, un delito de odio (víctima y agresores no se conocían previamente y la intencionalidad de la agresión no parece, por ahora, el odio al colectivo homosexual) la sociedad ha querido esta semana mostrar su repulsa hacia el asesinato de Samuel y ha puesto de manifiesto las agresiones (físicas e insultos) que sufren a día de hoy los homosexuales por el hecho de serlo.

Símbolo contra la violencia

Samuel Luiz Muñiz, ese auxiliar de enfermería de solo 24 años que trabajaba en la residencia de ancianos Padre Rubinos, ha desatado una ola por toda España contra las agresiones homófobas, en alarmante aumento los últimos años pero su padre solo quiere que le recuerden como un chico «bueno» y «cariñoso». Max Luiz pidió que no se utilizara el crimen de su hijo con fines partidistas ni que se enarbole ninguna bandera en su honor. Cuando se iban a convocar concentraciones en su honor solo pidió una cosa: «Que la gente vaya en silencio. Sin banderas. Si todos llevan un paquete de comida y lo entregan en Cruz Roja, sé que mi hijo sería feliz. Él era sanitario en Cruz Roja y siempre ayudó a la gente», aseguró en Antena3.

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