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Carta a Ana Iris Simón

De la sangre de tu alma han querido hacer grotescamente un tratado de teoría política

Querida Ana Iris: Decidí no escribir sobre ‘Feria’, tu estreno literario, para no perjudicarte. Y me ha costado mucho no hacerlo. ¡Me haces un homenaje tan cariñoso y emocionante en sus páginas! Pero durante todos estos meses he leído todos los comentarios que te han dedicado; y en casi todos he descubierto el mismo afán -a veces declarado, a veces taimadamente encubierto- por sexar ideológicamente tu literatura. Y pensé que, si un apestado en el mundo de las letras como yo bendecía tu estreno, de inmediato toda la chusma que envidia tu talento correría a crucificarte y adjudicarte vicariamente todos los estigmas que antes me adjudicaron a mí, destruyendo mi carrera literaria. Por eso aquel día en que me ofrendaste

tu libro te pedí tan encarecidamente que escarmentases en cabeza ajena (la mía) y que no permitieras que te hiciesen lo mismo que a mí me hicieron. Que no te dejases dar el abrazo del oso por la derecha que te alabaría interesadamente, que no te allanases ante la izquierda que querría modelarte a su gusto, que no permitieras que gentes de alma ruin incapaces de entender el sentido del arte te adjudicasen etiquetas ideológicas, que son el sambenito que luego utilizarán para tirarte a la basura, una vez exprimida.

Durante estos meses he leído juicios abracadabrantes sobre tu novela, escritos por gente incapaz de entender que la literatura, como cualquier forma de arte, es destilación espiritual. De la sangre de tu alma han querido hacer grotescamente un tratado de teoría política, un manifiesto neorrural, una «autoficción neofascista» y no sé cuántas mamarrachadas más, propias de gentes -como escribiera Cervantes- «que quieren que la grandeza de los grandes se mida con la estrecheza de sus ánimos». Y todo se ha acelerado después de que accedieras a intervenir en un sarao sistémico, en el que al menos tuviste la gallardía de no adherirte a las paparruchas delicuescentes del doctor Sánchez y sus mariachis. La derecha liberal que te ha aplaudido ha ignorado interesadamente tu crítica al capitalismo global y a su devastación antropológica. Y desde la izquierda caniche han pretendido pintarte de falangista, lepenista y hasta vichysta, por tu exaltación de los vínculos y tu denuncia del tráfico internacional de carne barata que tanto interesa a la plutocracia.

Luego has escrito unos tuits bastante penosos, perjudicados por el tufillo de la palinodia, en los que te dedicas a contar intimidades de tu familia, pensando que con esta carnaza aplacarías a los psicópatas que te han montado un aquelarre. No tiene sentido alguno que trates de contemporizar con la gentuza que desea convertirte en una petarda feminista y genuflexa. Dedícate a escribir lo que brota de tu hermosa alma, hasta que tus palabras sean una montaña y sepulten su triste miseria; y vuela lejos de ellos, hacia las cumbres que ellos ni siquiera atisban. ¡Ah! Y no te pongas nunca unos pantalones rotos en Viernes Santo, por mucho que el mundo te lo recompense. Tu amigo que te quiere, Juan Manuel.

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