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Carmen Thyssen: «Mientras yo viva no se hereda nada, no habrá reparto de mi colección»

Semanas antes de la firma del acuerdo, la baronesa muestra en exclusiva a ABC las salas del Museo Thyssen donde cuelgan las obras que el Estado español alquilará durante 15 años por 6,5 millones anuales

Han pasado ya cuatro meses desde que Carmen Thyssen yel ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, rubricaron, tras un almuerzo en casa de la baronesa en Madrid, el protocolo de intenciones para alquilar la colección Carmen Thyssen al Estado español, por 15 años con derecho a compra y un precio de 6,5 millones anuales, y el acuerdo definitivo sigue aún sin cerrarse. De hecho, se ha aprobado una nueva prórroga hasta el 30 de junio. Si esta entrevista se hubiese hecho hace una semana, el titular habría sido distinto. Y es posible que, si se hiciera la próxima semana, volviera a cambiar. En los últimos días ha habido desacuerdos entre la baronesa y sus abogados (Ángel Acebes y José María Michavila), por un lado, y su hijo Borja y el abogado de este, Pedro Mejías, por otro.

Hablamos con la baronesa de todos los detalles de la operación, mientras recorremos ayer con ella las flamantes salas del Museo Thyssen que acogerán su colección. Está encantada. Son las salas 41-48 de la planta baja (mil metros cuadrados en total), de las que han sido desalojadas las pinturas del siglo XX (de aqui a otoño se reordenará todo el museo) de la histórica Colección Thyssen, adquirida en 1993 por el Estado español por 350 millones de dólares. Se accede desde el vestíbulo del museo. A la entrada, un fragmento del ‘Mata Mua’ de Gauguin y un rótulo: ‘Colección Carmen Thyssen’. Las paredes se han pintado de color blanco humo. Se han ‘cegado’ 18 ventanas. Finalmente, serán 179 las obras expuestas. Sólo falta una por llegar: ‘Mata Mua’, a la que se dedica un ‘altar’ en una sala donde hay otros ocho lienzos, una cerámica y un dibujo de Gauguin. Tampoco ha llegado un espectacular diamante de muchos quilates, ‘Estrella de la paz’, que Tita quiere exhibir, fuera del alquiler. El recorrido es cronológico. Los cuatro mármoles de Rodin que estaban en el vestíbulo de la pinacoteca se incorporan a las salas.

Tres préstamos de Borja Thyssen

Finalmente, ¿la mitad de su colección estará a nombre de su hijo Borja y la otra mitad a su nombre hasta que las mellizas, Carmen y Sabina, que en julio cumplen 15 años, alcancen la mayoría de edad? ¿Por qué ha decidido repartir su herencia en vida?

—Mientras yo viva, no se hereda nada. Las obras son de la Colección Carmen Thyssen y así aparecerá en las cartelas. Soy yo quien ha creado esta colección. Borja ha prestado tres cuadros (de Picabia, Richard Estes y Julian Opie, adquiridos en ARCO y en galerías), pero están fuera del acuerdo. Esos sí llevarán su nombre. El resto son de la Colección Carmen Thyssen. Mientras yo viva no habrá reparto. Y todavía estoy vivita y coleando.

Hace una semana las cosas eran distintas. De hecho, hay una lista con las obras que le corresponderían a Borja. Entre ellas, ‘Los segadores’, de Picasso.

—Estábamos los dos muy felices con el futuro reparto que podía tener Borja. Pero, de repente, no sé qué ha ocurrido. Hay que poner las cosas muy limpias y muy claras. Yo soy tenaz.

El día de la firma del acuerdo (se prevé que sea a mediados de junio), ¿firmará usted sola o también Borja?

—Espero que sí, es mi hijo. Y si no…

Pero si firma es porque hay obras que son de su propiedad.

—Mientras yo viva, no hay reparto de mi colección. Sé los cuadros que a él le gustaría tener. Hicimos juntos la lista.

¿El reparto de las obras ha sido el detonante del desencuentro?

—No, no ha habido ningún problema con la lista de obras, en absoluto.

¿Cuál es entonces el motivo?

—Nosotros hemos estado con todo preparado. Y la parte del Sr. Mejías aparatemente no lo tiene todo preparado.

¿Qué tiene que preparar?

—Acuerdos familiares, naturalmente. Y acuerdos con el contrato que se firmará con el Gobierno, con quien no tenemos problemas. En el último momento han surgido sorpresas por parte del Sr. Mejías. Si no llegamos a un acuerdo, como es mi colección, firmaré yo sola. Estoy muy feliz de firmar este acuerdo con España. Con lo que yo he luchado por este museo, lo que no podía es irme a otro lugar del mundo con mi colección. El Sr. Uribes es muy buen ministro, conoce muy bien la colección. La vicepresidenta Carmen Calvo también, porque fue ministra de Cultura.

En julio de 2020 nombró a su hijo patrono del Museo Thyssen. Va teniendo cada vez mayor protagonismo.

—Yo adoro a mi hijo y siempre estaré a su lado. Estoy muy feliz de que esté en el Patronato. Lo que pasa es que en el último momento han surgido cosas que no pueden tratarse con celeridad. Y por eso ha habido que aprobar una nueva prórroga hasta el 30 de junio.

¿Y qué puede cambiar en estos días?

—Puedo cambiar acerca del futuro de la familia. No le puedo decir más.

De 425 a 329 obras

Si toda la colección figura a su nombre, los 6,5 millones también son para usted íntegramente, ¿o se repartirán?

—Todo depende de a qué acuerdo lleguemos con mi gran generosidad. Caben todas las posibilidades.

En el preacuerdo se hablaba del alquiler de unas 400 obras de su colección. En el préstamo había 425. Ese número se ha reducido hasta las 329, pero el precio sigue siendo el mismo: 6,5 millones. ¿Cómo se explica eso?

—Son obras que estaban en almacenes, nunca se colocaron en las salas. Iban a préstamos temporales en el Museo de Málaga, el de Sant Feliu de Guíxols… No entran todas en estas salas. Algunas (unas cincuenta, quizás) se repartirán por la colección permanente del Museo Thyssen. Además, voy a incluir cuatro o cinco que no estaban en el préstamo: un Metzinger, un Vasarely, una escultura de Yves Klein… No es tanto la cantidad como lo que interesa a este museo.

Cuando llegue el ‘Mata Mua’ serán solo 179 las obras que se exhiban en estas salas.

—El museo y yo hemos preferido sacrificar algunas obras.

Del préstamo, y por tanto del alquiler, salieron hace tiempo tres obras muy destacadas: ‘El puente de Charing Cross’, de Monet; ‘Caballos de carreras en un paisaje’, de Degas, y ‘El ‘Martha McKeen’ de Wellfleet’, de Hopper. Parece que no está descartado el regreso del Hopper.

—No cabe en las salas.

Descuelgue un cuadro y verá si cabe…

—Podría estar.

¿De qué depende?

—De mí, pero no le puedo decir más.

Colecciones separadas

¿Por qué no se unen la colección del barón, que el Estado español compró en 1993, y la suya, que ahora va a alquilar? ¿Quién lo ha decidido?

—El museo. Y yo lo aplaudo. Creo que el público tiene que ver, si llegamos a un pacto y con las cantidades que se van a pagar, cómo es esta colección. Es lo que han aducido en el museo. Al principio me hacía ilusión que estuvieran unidas, como lo estuvieron hasta 2002.

En el acuerdo se especificará que usted puede sacar tres cuadros del alquiler para disponer de ellos. Ya los ha elegido.

—Son dos.

¿Cuáles son?

—No se lo puedo decir. Tenemos que firmar antes. Pero los voy a dejar bastante tiempo. No será el ‘Mata Mua’, ese es sagrado.

¿Los sacará para venderlos?

—Podría ser. Yo me he arruinado coleccionando para museos españoles.

Sáquenos de dudas. ¿Es suyo el Monet que cuelga en el Louvre de Abu Dabi?

—No, de verdad. Mire las fotos. El cielo del mío no tiene ese color rosa. Ojalá. Me encantaría que se exhibiera allí si lo hubiera vendido. Además, se sabe quién lo ha comprado.

Sea ese o no, el suyo lo ha vendido…

—No tengo por qué decirlo. Es mi vida privada.

Se lo pregunto porque ese cuadro y el Degas estuvieron muchos años colgados en el Thyssen. Hay interés por conocer su paradero.

—Tengo total libertad de vender lo que quiera. Incluso antes de firmar el contrato con España podría vender obras.

Esperando a ‘Mata Mua’

‘Mata Mua’, de Gauguin, es la estrella de su colección, que usted sacó del Museo Thyssen y se llevó a su búnker en Andorra. Logró permiso de salida por silencio administrativo positivo. Aquello provocó un cruce de acusaciones entre el anterior ministro de Cultura, José Guirao, y el secretario general de Cultura, Javier García Fernández. ¿Qué día regresará? ¿Antes o después de la firma del contrato?

—El día que se firme, a las 24 horas estará aquí. Si sabemos qué día exacto es la firma, vendrá antes. Yo no desconfío jamás. Me gustaría que fuese en torno al 15 o el 18 de junio.

Usted vive en Andorra. Carmen Calvo es la encargada de convencer a Hacienda para que no le computen como días vividos en España los que pasa aquí por asuntos sobre su colección y sus museos. ¿Está ya arreglado?

—Como vicepresidenta vitalicia tengo que venir al museo de Madrid, pero también al de Málaga, al que está en marcha en Sant Feliu de Guíxols… No puedo venir en helicóptero, bajar con una cuerda, estar diez horas y volver a subir al helicóptero. Eso es imposible. Carmen Calvo lo entiende perfectamente. A estas alturas de mi vida, con la gran generosidad que he tenido con este país desde 1992, no puedo seguir así.

¿Está supeditada la firma del contrato a arreglar ese asunto?

—No, la firma no está supeditada a nada. Todo se hace de buena voluntad.

Pero, sabe que se hará, ¿no?

—Claro que se va a hacer, estoy segura.

El préstamo es por 15 años con derecho a compra. ¿Es prorrogable?

—También se puede hacer prorrogable si ambas partes quisieran. O queremos. Quién sabe, a lo mejor San Pedro me tiene aquí muchos años.

Ha trasladado a Andorra (que ya salió de la lista de países considerados paraísos fiscales), donde vive, las sociedades propietarias de su colección (Nautilus Trustees Limited, Omicron Collections Limited, Coraldale Navigation Incorporated, Imiberia Anstalt), que estaban en las Islas Cook y las Islas Caimán. ¿Era una condición impuesta por el Ministerio no firmar el alquiler de obras cuya propiedad estaba en paraísos fiscales?

—Si hay recelos, pues se hace lo que se tenga que hacer. Yo soy residente en Andorra. Es normal que la sede de mi colección esté allí. El trust es una herencia de mi marido, yo no lo creé. Son empresas limpias y solo tienen cuadros. No hay dinero, ni negocios.

¿Ha cedido los derechos de explotación del merchandising y de la reproducción de las imágenes de sus cuadros? Al parecer, esto último estaba en el primer borrador del acuerdo.

—Sí. Yo no percibo nada, como nunca he percibido nada por la explotación de imágenes de mis cuadros, por la tienda-librería… He renunciado a todos esos derechos. Siempre renuncié.

¿Qué régimen de movilidad de obras se firmará en el acuerdo?

—Serán los mismos estatutos que tiene el Museo Thyssen.

En el préstamo gratuito de su colección, parte de los seguros se cubrían con la garantía del Estado, pero otra parte la pagaba la Fundación Colección Thyssen-Bornemisza e incluso usted misma. ¿El acuerdo prevé que la garantía del Estado cubra toda la colección alquilada?

—La garantía del Estado es para el Gobierno lo más barato. Lo que no puedo es tener cuadros en el museo y pagar yo el seguro.

Es ridículo pensar que el valor del seguro del ‘Mata Mua’ es tan solo de 40 millones.

—Hay que estar en el mundo del arte. La última oferta que tuve por el cuadro fue de 250 millones.

¿Estuvo tentada de venderlo?

—Me castañearon los dientes. Me hubiera solucionado la vida. No se puede comer dos veces. Te comes un kilo de caviar y no puedes comer otro kilo. Yo estoy bien y tranquila con lo que percibiré anualmente del Gobierno.

¿Un museo en Alicante?

Al parecer, tiene una oferta de Alicante para abrir otro museo allí. ¿Irá adelante ese proyecto?

—Hay allí un edificio muy bonito que me gustaría salvar para crear un centro. Quiero ayudarles, pero sin que me comprometa. Un museo nuevo… no lo sé todavía. Han venido a hablar conmigo, me han hecho una oferta.Yo siempre escucho con cariño. Veremos qué ocurre.

¿Por qué fracasó el proyecto de crear un Museo Carmen Thyssen en Barcelona? Usted tenía una buena sintonía con Isidro Fainé.

—¡Qué pena! Un gran amigo mío, Isidro Faine. Yo estaba muy ilusionada. No sé qué pasó.

Una curiosidad. ¿Por qué ha querido exhibir en estas salas el diamante ‘Estrella de la paz’?

—Me hace ilusión. Estará solo por un tiempo. Es aparte del alquiler. Yo pagaré el seguro.

Visto el resultado de estas salas, ¿son como usted soñaba?

—Sí. He sido feliz colocando los cuadros. Cada uno tiene su sitio.

Ha decidido incluir los cuatro mármoles de Rodin que estaban en el vestíbulo del museo.

—Me ha encantado verlos aquí. Son del abuelo de Heini, que los adquirió directamente a Rodin. Fue excomulgado por ‘Cristo y la Magdalena’. Lo quería en su tumba, estaba enamorado de esta escultura. Pero mi marido dijo: «Ni hablar. Esto es para el mundo».

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