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Carmen Calvo, la caída del principal contrapeso de Podemos en el Gobierno

La líder socialista esperaba su cese desde hacía semanas. Calvo se marcha tras enfrentarse a Iván Redondo por su influencia sobre Sánchez y plantar cara a Irene Montero, criticando aspectos de la ‘ley trans’ y defendiendo un tipo de feminismo atacado desde el Ministerio de Igualdad

Carmen Calvo (Córdoba, 1957) venía deslizando últimamente que no estaba al 100 por cien por las secuelas del Covid-19. Su nombre había saltado ya en las quinielas de la remodelación gubernamental y sus alusiones al cansancio parecían querer decir aquello de ‘me voy yo’. Su cese es el único que no sorprendió a nadie. Es también, probablemente, uno de los pocos que no pilló por sorpresa a su protagonista. «Estaba hablado con el presidente desde hace unas semanas», señalaba ayer Calvo a personas de su confianza, informa Víctor Ruiz de Almirón. Quizás, por eso, su nombre fue uno de los pocos salientes que el jefe del Ejecutivo se detuvo a encomiar. Sobre el gran oponente político de la socialista cordobesa

en La Moncloa, Iván Redondo, Sánchez no dijo ni una palabra. Ambos acabaron midiendo quién influía más dentro del Gobierno: Calvo, desde su papel de coordinadora, o Redondo, como el que susurraba al oído del presidente. Su guerra benefició a Podemos, cuyas tesis apoyó el director del gabinete más de una vez para intentar que Calvo perdiera los pulsos con mantuvo con Pablo Iglesias e Irene Montero.

La derrota más sonada de la socialista se produjo hace dos semanas por la ‘ley Trans’. Fue entonces cuando quedó acreditado que Sánchez había perdido confianza en su antigua mano derecha. Una cuestión que se había dejado en la retirada de la vicepresidenta de la cuestión catalana. El desembarco de Miquel Iceta en el Gobierno le arrebató el papel de negociadora con el independentismo, y quedó orillada en la cuestión política clave.

Ideología y feminismo

Que la ‘ley trans’ marcó un antes y un después para Calvo no hay duda. La vicepresidenta primera defendió a capa y espada la posición socialista de que la voluntad no es suficiente para poder cambiar de sexo, pero no fue capaz de imponerse a los argumentos de Unidas Podemos. «Le hemos torcido el brazo», se presumía en la formación morada después de lograr que el Consejo de Ministros diera luz verde a su tesis y aprobara la libre autodeterminación de género. Este pulso había durado meses y sido aireado por el equipo de Montero. Cuando la reforma se aprobó, Podemos capitalizó el texto entre la comunidad ‘trans’. Calvo fue objeto de pancartas críticas en las marchas por el Día del Orgullo. Una semana después, otra victoria para Montero. La ley del ‘solo sí es sí’, que Calvo venía frenando e introduciendo correcciones desde hacía meses, llegaba también al Consejo de Ministros, aunque para difuminar el golpe a la vicepresidenta primera, la ministra de Igualdad no pudo salir en rueda de prensa a presentar el proyecto.

En el choque entre Calvo y la formación morada también hay feminismo. A la vicepresidenta primera no le gustó perder la gestión de Igualdad que recibió en 2018 y mucho menos que la heredara Montero. Desde entonces, chocaron sus dos visiones del feminismo. Calvo era la cara visible de una lucha de la mujer más moderada que ahora se queda sin representante dentro de la coalición. Pilar Llop intentará coger el testigo desde la cartera de Justicia, avalada por su amplia lucha contra la violencia de género. El tiempo dirá si se convierte en el referente que Calvo llegó a ser para el feminismo socialista y si logra ejercer de contrapeso de Montero. Una de las primeras cuestiones que Llop tendrá que decidir es si asume la ley que la socialista cordobesa quería impulsar para abolir la prostitución, a lo que se opone Podemos.

Labor sin terminar

La otra espina que se le queda clavada es no dejar aprobada su ley de memoria democrática, para cerrar la Fundación Franco e impulsar la investigación sobre los crímenes de la dictadura. El Consejo de Ministros iba a aprobar el texto el martes pero ahora queda en manos del nuevo ministro de la Presidencia, Félix Bolaños. Calvo deja sus cargos pero no la política. Su cese en el Gobierno no implica la pérdida de su escaño en el Congreso donde acudirá cada semana. Eso sí, a partir de septiembre.

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