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Biden mantiene intacta la política pro israelí de Trump

Joe Biden
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David AlandeteABC

La Casa Blanca no prevé volver a los años de distanciamiento de la era Obama

Aunque la relación entre Joe Biden y Benjamín Netanyahu es, por decirlo de algún modo, gélida, poco han cambiado las cosas tras el reciente relevo en la Casa Blanca y poco cambiarán si el actual primer ministro israelí logra revalidar una vez más el cargo en la fase negociadora que ahora se abre. Cierto es que Biden hizo esperar a Netanyahu casi un mes, más de lo acostumbrado, para llamarle desde el Despacho Oval, una suerte de castigo por viejas rencillas, las excelentes relaciones del israelí con Donald Trump y la poco disimulada ayuda que le brindó a este último en campaña electoral.

La Administración Biden ya ha dejado claro que lo hecho, hecho está, y que los lazos históricos

entre ambas naciones están por encima de la sintonía personal que puedan tener ambos mandatarios. La Embajada de Estados Unidos en Israel, por ejemplo, se queda en Jerusalén, donde la trasladó Trump, creando una conmoción mundial ya olvidada. El reconocimiento a la soberanía israelí en los Altos del Golán también se mantiene, aunque armara tanto revuelo en su día. Es más, según le dijo por teléfono a Netanyahu la vicepresidenta Kamala Harris, esta Casa Blanca también se opondrá firmemente a que la Corte Penal Internacional investigue supuestos crímenes de guerra en Gaza y Cisjordania, como vienen pidiendo los líderes palestinos desde hace largos años. Tanto Biden como Harris han reiterado en cuanto les ha sido posible que EE.UU. «sigue comprometido firmemente con el derecho a la seguridad de Israel», una frase común en Administraciones tanto demócratas como republicanas.

Dudas sobre Irán

Sobre la mesa queda el gran interrogante del acuerdo nuclear con Irán, que Netanyahu en persona ha tratado de boicotear por tierra, mar y aire al considerarlo un regalo para el régimen de los ayatolás, que ha predicado con fruición la destrucción de Israel. Cuando lo negoció Barack Obama, Netanyahu se opuso. Al llegar Trump a la presidencia Netanyahu le insistió y le insistió hasta que al final Washington abandonó unilateralmente el acuerdo que había impulsado, dejando descolgados en él a China, Rusia, Reino Unido, Alemania y Francia. Biden ha dicho que quiere regresar, pero de momento no ha mostrado prisa alguna y ha dejado claro que no dialogará hasta que Teherán congele el enriquecimiento de uranio.

Las viejas disputas entre Netanyahu y Biden se remontan a la presidencia de Obama, de quien Biden era ‘número dos’. En una visita a Jerusalén de este último en marzo de 2010, el Gobierno israelí anunció que autorizaba una extensión de los asentamientos en Jerusalén oriental en 1.600 viviendas. Fue un gesto de descortesía diplomática para con Biden, y provocó una airada protesta de la diplomacia estadounidense y la Casa Blanca. Desde entonces, las relaciones entre Obama y Netanyahu fueron cuesta abajo.

Con Trump, Netanyahu tuvo carta blanca. Visitó el Despacho Oval al mes de que este lo ocupara, y de ahí en adelante mantuvo línea directa con él. Gracias a esa cercanía, Trump y su yerno, Jared Kushner, negociaron una serie de acuerdos diplomáticos históricos entre Jerusalén y cuatro naciones árabes: Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Sudán y Marruecos. Tanto Biden como su equipo han admitido que esos tratados son un logro que preservarán y en el que ahondarán, en la medida de lo posible. Para ello, de momento, saben que necesitan a Netanyahu, que es quien los ha vendido al electorado israelí.

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