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Biden acelera la salida de Afganistán a pesar del riesgo de una guerra civil

La Casa Blanca considera que el repliegue está casi completado tras aumentar los vuelos de evacuación

Este mismo mes EE.UU. comienza a sacar del país a miles de civiles que le han ayudado en este conflicto

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha acelerado la retirada militar de Afganistán, admitiendo este jueves en un discurso que «no se puede cantar misión cumplida». La Casa Blanca considera el repliegue casi completado, ya que ha acelerado los vuelos de regreso de los soldados a EE.UU. La semana pasada fue evacuada la principal base en el país centroasiático, la de Bagram, al norte de Kabul, que durante años fue el centro logístico de las Fuerzas Armadas norteamericanas y sus aliados en la zona. «Fuimos a Afganistán a responder a los terroristas responsables del 11-S, a hacer justicia con Osama bin Laden, a asegurarnos de que Afganistán no se emplearía como base para los ataques contra EE.UU.», dijo Biden, quien cree que esos objetivos se han cumplido. «No fuimos a Afganistán a construir instituciones. A los afganos les corresponde forjar el futuro de su país», añadió.

El presidente negó que crea que los Talibán vayan a tomar el poder de forma inevitable. Preguntado por si se fía de esos islamistas, dijo que no. «Me fío del ejército afgano, que está bien entrenado», expresó. Después recordó que cuando era senador y vicepresidente se opuso a tener soldados estadounidenses de forma permanente en Afganistán, un país que ha visitado en numerosas ocasiones.

Han muerto en total 2.452 soldados estadounidenses en el conflicto más largo de la historia de EE.UU. El coste total de esa guerra en vidas es de 157.000, según un estudio de la universidad de Brown. De ellos, 43.000 son civiles. La guerrilla insurgente, que ya dominaba el país antes de la invasión de 2001, gana terreno a marchas forzadas, y ha provocado el éxodo de civiles y uniformados a países vecinos, ante el creciente temor a sus represalias. Un reciente informe de la inteligencia estadounidense, revelado por la prensa norteamericana el mes pasado, asegura que el gobierno democrático de Afganistán no durará ni seis meses en el poder tras la salida estadounidense de este año. Biden dijo ayer que la fuerzas armadas de EE.UU., han entrenado a 300.000 soldados de Afganistán.

Unidad nacional

El mes pasado, Biden recibió en la Casa Blanca al presidente legítimo afgano, Ashraf Ghani, y su eterno rival político, Abdulá Abdulá, que hoy ejerce el cargo de Alto Comisionado para la Reconciliación Nacional. El objetivo es la unidad nacional, pero ausente de ese diálogo tutelado por esta Casa Blanca está la insurgencia Talibán, que está ganando terreno a una rapidez vertiginosa. Tanto Ghani como Abdulá visitaron el Capitolio antes de verse con Biden y se reunieron con influyentes diputados y senadores. «La decisión del presidente es estratégica, y la respetamos, para dar comienzo a un nuevo episodio de nuestra amistad», dijo al término de esa visita el mandatario afgano.

Queda pendiente el cumplimiento de una promesa de Biden: evacuar a los intérpretes y otros colaboradores del ejército estadounidense cuya vida ahora corre peligro por las amenazas de los islamistas. El Gobierno de EE.UU. ha accedido a evacuar a miles de ellos a un tercer país, en el que aguardarán un visado de residencia norteamericano. Tras el 11 de septiembre ellos no contarán con la protección de las fuerzas armadas extranjeras. En este momento hay 18.000 afganos en un programa de solicitud de visados especiales, aunque la cifra final de evacuados puede ser mayor.

Según dijo este jueves Biden en su discurso en la Casa Blanca, «si quieren pueden esperar con todas las seguridades fuera de Afganistán mientras sus visados se tramitan». «Tienen un hogar en EE.UU., si lo quieren, y les vamos a apoyar como ustedes nos apoyaron a nosotros», añadió Biden. El presidente reveló que los vuelos de evacuación comienzan este mismo mes.

Ya en mayo del año 2014, el entonces presidente, Barack Obama, anunció que «las misiones de combate americanas en Afganistán acabarán antes del final de año». El objetivo de la guerra, anunciado por George W. Bush el 7 de octubre de 2001, era derrocar al régimen islámico de la guerrilla Talibán, que había amparado a Al Qaida durante los atentados terroristas del 11-S. Según dijo entonces Bush, «dada la naturaleza y alcance de nuestros enemigos, ganaremos este conflicto mediante la paciente acumulación de éxitos, al enfrentarnos a una serie de desafíos con determinación, voluntad y propósito».

Para retirarse, Donald Trump aceptó negociar con los mismos guerrilleros islámicos a los que Bush prometió derrocar, al tiempo que los grupos insurgentes intensificaban los asesinatos de líderes de grupos civiles y activistas a favor de la democracia. En 2019 el expresidente llegó a invitar a unos emisarios Talibán a Camp David, la residencia presidencial de fin de semana en Maryland, en vísperas de un aniversario de los atentados del 11-S. La visita fue cancelada a última hora por un ataque en el que murió un soldado estadounidense. Aun así, las negociaciones tuvieron lugar en otro lugar, y el acuerdo de paz se produjo hace algo más de un año. Los planes de Trump eran sacar a los soldados el 2 de mayo. Al llegar a la Casa Blanca, Biden lo prorrogó hasta el 11 de septiembre.

Un final anunciado

Cuando Biden llegó al poder quedaban 3.500 soldados norteamericanos en ese país. (Las cifras oficiales son de 2.500, pero hace un mes el Pentágono admitió que las había manipulado durante años). Las dudas son razonables porque el final de la guerra se ha anunciado muchas veces. Quien más lo hizo fue Obama: en 2011 puso fin a las operaciones de combate, antes del anuncio de 2014, y cuando se fue en 2017, dejó en el país centroasiático a casi 9.000 soldados. Al llegar, Trump aumentó el número a 14.000.

Trump después enderezó el rumbo, y desmarcándose de la ortodoxia republicana, comenzó a criticar lo que llamaba «guerras caras, interminables e inútiles». La razón, aparte de las muchas muertes, era el coste para las arcas del estado: los 20 años de guerra le han costado a EE.UU. más de 800.000 millones de dólares, 670.000 millones de euros. Biden, que no se ha desmarcado tanto de Trump como prometió en campaña, insiste en lo mismo. Según dijo en su discurso: «No enviaré a otra generación de estadounidenses a la guerra en Afganistán sin una expectativa razonable de lograr un resultado diferente».

La Casa Blanca se esforzó este jueves en justificar la decisión de Biden. «Después de 20 años, y abundantes bajas de soldados estadounidenses, podemos decir que se ha cumplido lo que iniciamos hace 20 años, que es responder a lo ataques del 11-S, hacer justicia, capturar a Osama bin Laden y privar a Al Qaida la capacidad de tener un centro de operaciones para que no nos ataque en nuestra patria», dijo ayer la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, en su rueda de prena diaria. «El presidente ha hecho una decisión razonada, con toda la información a su alcance, y sabe que no hay un final militar a esta guerra, y que el status quo no se puede mantener», añadió. Psaki dijo que esta guerra no tendrá un punto final en el que se proclame «misión cumplida», y reiteró que cree que es una guerra que «militarmente no se puede ganar».

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