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Baleares señala a los alumnos que eligen castellano en Selectividad con un folio amarillo

Los exámenes se reparten por defecto en catalán y cuando se pide una traducción en español recibe la prueba de color diferente

A los alumnos que piden su examen en español en Baleares se les señala dos veces en las pruebas de selectividad. Primero, cuando tienen que levantar el brazo y pedir ‘ex profeso’ una copia en castellano porque previamente se les entrega la prueba en catalán; y después, cuando reciben la traducción impresa en folios amarillos en vez de blancos. Así es la diversidad lingüística en la Prueba de Bachillerato de Acceso a la Universidad (PBAU), la antigua selectividad, que comenzó el pasado martes en el archipiélago balear para más de 5.000 alumnos con trabas para los que exigen su derecho a recibir estos modelos en la lengua oficial del Estado.

El mecanismo diseñado para aplicar la libre elección de lengua 

en los enunciados de las PBAU en las Islas no acaba de funcionar con naturalidad desde que se implantó en 2017 a instancias de Ciudadanos Baleares, dirigido entonces por Xavier Pericay. Las diferencias de trato por razón de lengua son evidentes: los estudiantes que los quieren en catalán solo tienen que sentarse y recibir su folio de color blanco mientras los que optan por el castellano deben pedir una versión traducida que, además, es de color amarillo, tal y como se adjunta en la imagen. «Es una forma de señalar, más si cabe al que elige castellano», denuncian varios alumnos a ABC, que creen que esta diferenciación les «estigmatiza».

De diferente color

La Universidad de las Islas Baleares (UIB) alega que el examen de castellano amarillo «facilita» la tarea a los profesores voluntarios que supervisan las pruebas. Asegura que cualquier examen de la universidad, cuando hay diferentes versiones –no solo de idioma– «suelen ser de diferente color para que no haya confusiones y que los alumnos no usen una versión que no les corresponde».

Un argumento «simple» para PLIS Educación, que considera que para diferenciar los modelos de examen «bastaría con poner en el margen superior la leyenda en castellano o similar». La asociación de profesores cree que con las trabas existentes y «conociendo la alergia que producen a las autoridades educativas las reclamaciones sobre la discriminación del castellano en la educación», no les queda «más remedio que sospechar que el color amarillo puede ser una marca, una especie de brazalete para los que osen pedir examen en español».

El cambio de color en los exámenes en castellano no es único de este curso, confirma una docente veterana en la PBAU consultada, que recuerda que «siempre» se han dado en un color diferente, incluso antes de 2017. «En cada aula nos daban una copia de color amarillo, o azul, y la colocábamos encima de la mesa del profesor por si algún chaval no entendía una palabra en catalán porque era un recién llegado a Baleares. En ese caso, podía levantarse y leer este examen traducido», explica.

Además de recibir un examen de diferente color, el funcionamiento a la hora de garantizar la libre elección de lengua en los enunciados de estas pruebas es diferente en cada aula, dependiendo del profesor de guardia, según explican varios alumnos. «Algunos preguntan qué idioma preferimos antes de repartir el examen, otros reparten el folio en catalán y no nos informan», aseguran.

Falta de información

Las directrices de la UIB de este curso son confusas y dicen que «los enunciados y protocolos de las materias [no lingüísticas] se presentarán en catalán, pese a que habrá una versión traducida al castellano para las personas exentas de catalán y para los candidatos que lo soliciten». Sin embargo, en las mismas indicaciones, -en el apartado «comienzo del examen»- solo se reconoce este derecho a los alumnos exentos de catalán, algo que ha confundido a los propios docentes a la hora de aplicar esta información.

«Falta información a los alumnos y hay profesores que no dan esta posibilidad en el aula», coincide un profesor voluntario de la PBAU, que se queja de que este año el tribunal no ha dado las directrices expresas sobre el derecho de los estudiantes a recibir sus pruebas en castellano, pese a que la justicia catalana ha considerado recientemente que dar el examen en catalán por defecto vulnera los derechos lingüísticos de los estudiantes.

«La ausencia de información hace que en cada aula se aplique de una forma diferente y quede a merced de la buena voluntad del docente», advierte este profesor, que detalla que las fotocopias en castellano «suelen estar muy contadas» -hay muy pocas- y que, además, hacen un recuento de la lengua en que responden los estudiantes. «Cuando corregimos, tenemos que ir apuntando en dos casillas -castellano o catalán-, pero es un cómputo a efectos estadísticos», explican fuentes de la organización de las pruebas, que aseguran que «a nadie se le apunta por pedir un examen en castellano». Cabe recordar que los exámenes se pueden responder en cualquiera de las dos lenguas cooficiales.

Pese a la advertencia de la justicia catalana, el Gobierno de la socialista Francina Armengol sigue sin garantizar una libre elección de lengua plena a los alumnos castellanohablantes de las Islas y la universidad aplica el mismo procedimiento que en Cataluña. «Antes de empezar los exámenes y justo después de leer las instrucciones iniciales, el profesor preguntará quiénes son los candidatos exentos de catalán. A continuación, un profesor cambiará el enunciado del examen por un modelo en castellano a todos los que tengan el brazo levantado», precisa, como si se tratara de una incidencia.

«Esta situación es un sainete», critica José, padre de una alumna de un colegio concertado de Palma, que lamenta el boicot al castellano en la selectividad. A su hija le han dicho que este jueves –en el examen de Historia, Matemáticas de lo Social y Economía- le darán los enunciados en castellano solo «si sobran de las pruebas de los exentos, que van antes». Para más inri, el examen de Lengua y Castellano de este miércoles tenía una falta de ortografía y escribía «i latina» en vez de «i griega». «¿Y estos profesores que cometen errores de ortografía tienen que calificar a mi hija?», se pregunta.

El TSJC considera que la definición del catalán como lengua propia de Cataluña, recogida en el Estatut, «no puede justificar la imposición estatutaria del uso preferente de aquella lengua, en detrimento del castellano, también lengua oficial en la Comunidad Autónoma, por las administraciones públicas».

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