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Alemania y Bélgica no encuentran a más de 200 desaparecidos en las inundaciones

El sistema de alertas y la cercanía de una nuclear centran el debate de una tragedia que deja 195 fallecidos

Coincidiendo con la jornada de duelo nacional, el Rey Felipe de Bélgica visitó ayer la localidad de Verviers, una de las más afectadas por las inundaciones de la semana pasada, mientras que la canciller alemana, Angela Merkel, se desplazó por segunda vez a la zona, esta vez a Bad Münstereifel, lugar en el que los efectos de las riadas del jueves pasado fueron también muy graves.

Tanto Bélgica como Alemania van afinando las cifras de víctimas y desaparecidos y en ambos casos se puede prever que se tardará en conocer la dimensión real de lo sucedido. En Alemania se han contabilizado 164 muertos, mientras que en Bélgica ascienden a 31. Los desaparecidos son 170 del lado alemán y 43

en la provincia belga de Lieja, una vez que hay más personas que dan señales de vida. Pero al mismo tiempo, esta dinámica hace prever que el número total de víctimas puede aumentar todavía bastante.

«Situación horrible»

El Rey Felipe adelantó a ayer su tradicional discurso el día de la fiesta nacional (que se celebra hoy, 21 de julio) y en el que las alusiones a las inundaciones tuvieron más relevancia que la mención a la pandemia. En ambos casos, el monarca dijo que «en la adversidad, nuestra población ha probado una inmensa solidaridad» como demuestra que «desde todas las partes del país ha brotado la ayuda espontánea a los damnificados e innumerables voluntarios trabajan sin descanso» para aliviar el sufrimiento de los que lo han perdido todo.

Una primera estimación calcula los daños en dos mil millones de euros en Bélgica, mientras que Merkel aborda hoy el asunto

La canciller Merkel, por su parte, compareció junto con el primer ministro de Renania del Norte-Westfalia (NRW), Armin Laschet, que es el candidato a sucederle en las elecciones de septiembre y al que ha querido dar visibilidad en estos momentos. Merkel calificó la situación como «horrible». «Nos hemos encontrado con gente que lo ha perdido todo y no los olvidaremos», apuntó, emocionada.

En Bélgica, una primera estimación calcula los daños en dos mil millones de euros. El Gobierno alemán abordará el tema en su reunión de hoy y ha adelantado que aprobará una ayuda inmediata de en torno a los 400 millones de euros que, según Merkel, llegará a la gente de la manera más rápida y con los menores trámites posibles. Solo en la zona de Westfalia hay que construir más de veinte puentes provisionales para tratar de restablecer las comunicaciones básicas y permitir el trabajo de la reconstrucción.

Revisar el sistema de alertas

En Alemania está en el epicentro del debate si un mejor sistema de alarmas y de comunicaciones entre las autoridades federales, regionales y locales no hubiera podido aliviar los efectos de la tormenta del jueves. Parece que el Servicio Alemán de Meteorología hizo más de 150 advertencias entre el lunes y el miércoles de la semana pasada que no llegaron hasta los ciudadanos. Entre otras cosas, se debate si se debería usar un sistema basado en mensajes de texto, aunque para ello haya que modificar la legislación sobre protección de datos. Merkel, que dejará la cancillería en los próximos meses, decía ayer que este sistema «podría ayudar».

Gil Simón, el responsable de la red eléctrica belga, podría ser una de las pocas voces optimistas en estos momentos, puesto que ha declarado que la situación «hubiera podido ser aún peor» si el cauce del río Mosa hubiera subido un poco más durante la riada, porque «habría afectado al sistema eléctrico de toda la provincia de Lieja», incluyendo hospitales e industrias. Peor aún, la tormenta afectó a ríos que se encuentran cerca, aunque cauce abajo, del lugar a orillas del Mosa donde está la central nuclear de Thiange.

Nadie en Bélgica ha querido siquiera evocar la posibilidad de que se hubieran inundado las instalaciones de este centro, lo que podría haber desencadenado en un accidente similar al que sucedió a la planta japonesa de Fukushima. La central nuclear belga no se dejó inactiva en ningún momento y ayer seguía funcionando con normalidad, aunque todavía hay miles de casas a las que no llega la electricidad a causa de los efectos de las grandes riadas.

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