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Abascal: «No tengo dudas de que en la hoja de ruta totalitaria está la ilegalización de Vox»

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El presidente de Vox participó en las entrevistas audiovisuales de ABC y afirmó que «nos han convertido en una especie de organización terrorista. Si lo tienen tan claro, que vengan y me detengan»

 

 

Santiago Abascal participó ayer en el nuevo formato de entrevistas audiovisuales de ABC. A tan solo una semana de las decisivas elecciones en la Comunidad de Madrid, el presidente de Vox advierte de que la violencia que se ha desatado en estos últimos días solo beneficia a la izquierda. Y, a su juicio, hay una razón, «la derrota histórica» que pronostican las encuestas.

¿Les han dado desde el Ministerio del Interior alguna explicación de las investigaciones sobre las agresiones recientes (Vallecas, Navalcarnero)?

—Absolutamente ninguna explicación, pero es difícil porque la violencia fue instigada desde el Consejo de Ministros por las dos ministras de Podemos, amparada por el señor Marlaska y justificada por Pedro Sánchez. Que ahora monten un teatrillo y se victimicen aquellos que han batasunizado la política española es algo indignante, pero tienen poco crédito. Hemos visto el sainete de la ministra Maroto con el envío de una carta supuestamente amenazante. Ha llegado a decir que todos los demócratas están amenazados de muerte si no se derrota a Vox en las urnas. Nos han convertido en una especie de organización terrorista: si lo tienen tan claro que vengan y me detengan.

—¿Se cree esas amenazas?

—Sobre cada amenaza concreta sería una irresponsabilidad que yo determine si son falsas o ciertas. Lo que afirmo es que tengo toda la desconfianza en este Gobierno. ¿Cómo vamos a creer a esos que han llegado a decir que en Vallecas los adoquines los tiramos nosotros? Como queremos saber nos hemos personado como acusación popular.

—Usted estuvo amenazado durante años; ¿esa experiencia no le ayuda a aproximarse a lo que pueden estar sintiendo los políticos de izquierda amenazados?

—He padecido amenazas, no solo yo, sino tres generaciones de mi familia. En septiembre fue apedreado el negocio de mi madre sin que el PSOE ni Podemos lo condenasen. Esa experiencia es la que te hace distinguir muy bien una amenaza real de algo que parece un montaje. Parece que estamos ante un montaje de la izquierda ante los datos y las encuestas que pronostican una derrota histórica de la izquierda en Madrid.

Ustedes han presumido un poco de hablar claro a la gente. ¿Hasta qué punto esas formas no contribuyen a agrandar los estereotipos sobre Vox?

—Es algo natural. La demonización sistemática de Vox no tiene que ver con las formas, sino que Vox ha cruzado las líneas de enfrentarse a los planteamientos políticos de la izquierda, que había decretado como debates cerrados y había contado con la anuencia de la derecha domesticada. Vamos a plantear un debate a fondo sobre la inmigración ilegal, sobre el estado de las autonomías, sobre la ley de la violencia de género, de eso no se podía hablar. Vox ha puesto sobre el tapete asuntos sobre los que la izquierda se consideraba victoriosa. No son las formas, son las ideas de Vox. Convierten en incitación al odio debates de asuntos sobre los que ellos decretan un consenso final. Van a tener que echarnos encima a muchos fiscales y muchos jueces corruptos para amordazarnos.

—¿Teme que Vox pueda ser ilegalizado?

—Es algo que algunos tienen en la cabeza y no hay que dar ningún escenario por descartado. En la hoja de ruta totalitaria no tengo ninguna duda de que está la ilegalización de Vox.

—Y si dependiera de Vox, ¿plantearía la ilegalización de algún partido en España?

—El partido que no acepta el sistema democrático tiene que estar fuera de la ley. La nación tiene que ser militante y no puede haber partidos separatistas que quieran destruir la unidad nacional, si hay alguien que quiere acabar con ella, debe de ser ilegalizado. La deriva de España tiene mucho que ver con el modelo con el que se ha tolerado a los separatistas. Por ejemplo, el pujolismo, que parecía tan amable en los salones de Madrid. O ese PNV al que le bailaban el agua los poderosos en la capital ante unos señores muy educados con corbata. Ellos han traído estos lodos y llevado a los españoles a perder el timón de nuestro futuro, que ha sido entregado a fuerzas minoritarias, chantajistas, que han arrebatado el futuro.

—La inmigración se ha convertido en casi el único foco de la campaña, parece que es uno de los pocos pasillos que le ha dejado Díaz Ayuso.

—Es una percepción de los medios. Vox está haciendo muchos planteamientos en la campaña y no adquieren la misma relevancia. Habla de los impuestos, de acabar con el despilfarro reduciendo a la mitad el Parlamento de Madrid. Hemos cuestionado la pretensión de Díaz Ayuso de mantener el toque de queda más allá del 9 de mayo, ilegalmente, y lo vamos a recurrir en los tribunales. Estamos cuestionando posiciones del PP, como la ley de la infancia.

—¿Ve alguna posibilidad de que la izquierda pueda ganar las elecciones?

—No tengo ninguna duda de que si la izquierda suma, va a gobernar. También pienso que hay una gran movilización contra el asalto comunista de la Comunidad de Madrid. Que el señor Gabilondo se haya quitado la careta es algo que hay que agradecer. No ha hecho como Sánchez que mintió a todos los españoles diciendo que no pactaría con Pablo Iglesias. Es extraordinariamente importante acudir a las urnas para impedir este asalto comunista. Es importante para nosotros tener 15 o 25 escaños, pero lo importante es que haya una suma para impedir el asalto comunista en Madrid.

—¿A Vox le conviene la tensión?

—Estoy convencido de que no, porque al final, ¿qué le ocurre a Vox cuando padece violencia en Vallecas o Vic?: que las noticias sobre Vox son siempre en torno a la violencia, a la bronca. Es incómodo porque nos impide desplegar todo nuestro mensaje político. Con lo cual, no nos conviene, nos perjudica. Vendría más gente a nuestros actos si no fuera por la violencia. A quien beneficia la violencia es a la izquierda y por eso la perpetra y no tiene ningún escrúpulo en mentir y decir que nosotros somos los que provocamos la violencia, e incluso la ejercemos.

—La semana pasada le pregunté a Pablo Casado que cuándo cogería el teléfono para llamar a Santiago Abascal pasado el 4 de mayo, y no me contestó, ¿cómo lo ve usted?

—Esa separación de PP y Vox es normal porque tenemos planteamientos muy distintos. Vox es un partido que critica el estado de las autonomías y quiere una transformación en un estado unitario centralizado, que critica la deriva de Bruselas y la deriva federalista de la UE, no la salida de la UE, ni del euro. No tenemos la posición de seguidismo en la Unión Europea, como el PP. Tenemos un programa diferente al del PP.

—Un partido muy distinto pero que se dirige a un electorado muy parecido.

—No lo tengo tan claro. No hay más que acudir a los actos públicos de Vox y ver el perfil de sus asistentes, muy variado. No hay que ver con dramatismo que el PP y Vox tengan posiciones muy distintas. Somos capaces de entendernos con un partido distinto, lo hemos hecho en Murcia, en Andalucía, en Madrid, y de manera responsable incluso después del insulto permanente de Ciudadanos en esas tres regiones. E incluso después de la intervención del señor Casado en la moción de censura contra Sánchez, y Vox no ha respondido con la misma manera. Detectamos con preocupación que el PP quiere estar en una posición equidistante. No cae en el cordón sanitario contra Vox, no lo ha hecho Ayuso, Casado sí lo ha hecho en algunas ocasiones, pero por otra parte tiende la mano al PSOE. Quiere estar en medio y es muy difícil ponerse así en una situación como la que atraviesa ahora España.

—Llegará un momento en el que tendrá que haber líneas de entendimiento.

—Vox ha nacido para combatir la dictadura izquierdista, para oponerse a esa especie de condena bíblica según la cual teníamos que padecer el chantaje permanente del separatismo. Esa convicción el PP no la tiene tan clara. Evidentemente estamos más cerca del PP, y lo hemos demostrado en nuestra acción política siendo capaces de llegar a acuerdos con el PP. Tenemos muy claro quienes son nuestros adversarios políticos.

—¿Qué le van a pedir a Isabel Díaz Ayuso para darle su apoyo a un pacto de investidura? ¿Cuáles son las líneas rojas?

—Es muy negativo repartirse Madrid antes de ganarlo y el PP está cayendo un poquito en ese error. La función de Vox es impedir el asalto comunista. Salimos a ganar. Si ganan ellos y necesitan un apoyo, lo van a tener. Vox solo va a ofrecer colaboración y pondrá planteamientos encima de la mesa en función del apoyo que reciba de los madrileños.

—¿Valoran la posibilidad de que puedan abrirse otros procesos electorales en Andalucía o que la legislatura pueda acortarse?

—Creemos que hay tres regiones que viven en la inestabilidad política y no representan al conjunto de sus sociedades. Ciudadanos no es un socio de fiar y los andaluces, murcianos y castellano-leoneses deberían de poder votar. También se lo hemos exigido a Sánchez.

—¿En qué partido europeo o de otra parte se reconocen ustedes? ¿Cómo se apellidarían a sí mismos?

—Vox es un partido estrictamente español que, evidentemente, en la Unión Europea tiene que incorporarse a un grupo. Lo hemos hecho en el de los conservadores y reformistas. En este estaba el conservador británico hasta la salida del Brexit, el partido que gobierna en Polonia, el partido Fratelli de Italia y acaba de entrar Viktor Orbán. Nosotros nacimos para defender la unidad nacional.

—Al Partido Popular se le definiría como partido conservador. ¿Qué sería lo correcto para Vox?

—Vox es un partido que no tiene complejos y defiende cosas que generan un gran debate político y son irritantes para nuestros oponentes. Cuando Vox evita elegir una etiqueta no lo hace por complejos, lo hace porque es innecesario y perjudicial para nosotros y no representa al conjunto de nuestros votantes. Son debates de los frikis que estamos en la política, de los catedráticos de Ciencia Política, no de la calle.

—¿Qué pasa cuando le llaman ultraderecha?

—Es evidente que si evitamos ponernos etiquetas que pueden ser amables, lógicamente rechazamos todas las etiquetas que nos ponen los comunistas y tratan de hacer daño. Son insultantes. Cuando alguien que quiere destruir tu país y romper la unidad nacional justifica la violencia contra el oponente político, acabar con las libertades y convertir España en Venezuela, te llama fascista, pues yo no me inmuto, lo que me preocuparía es que me haga una alabanza. Lo que me preocuparía es que el señor Pablo Iglesias, después de una intervención mía en el Congreso, diga que es brillante, «ojalá la derecha española fuera esta», que es lo que le dijo al señor Casado en octubre. Yo prefiero que el señor Iglesias me llame fascista a que me aplauda.

—El 9 de mayo finaliza el estado de alarma, cinco días después de las elecciones en Madrid. ¿Qué posición tiene Vox en este asunto?

—La misma posición de las primeras semanas del estallido de la pandemia. Desde el principio vimos que el Gobierno estaba utilizando medidas excepcionales para hacer avanzar su agenda política. Solo ha servido para hacer que España esté a la cabeza en incidencia de muertos y a la cola de la economía. España tiene que recuperar la circulación total, sin cierres perimetrales y provinciales, sin toques de queda, con las medidas de seguridad precisas, pero acabar con las medidas caprichosas e infantiles.

—¿Es alarmante que el Tribunal Constitucional no haya resuelto el recurso al primer estado de alarma?

—Es un insulto, no a Vox, sino al Parlamento. Que haya contestado en tres días a un asunto importante en términos democráticos, como el del señor Toni Cantó, pero particular, y sea incapaz de resolver en meses un asunto que afecta a los derechos y libertades constitucionales de 47 millones de españoles es verdaderamente grave. Si el Tribunal Constitucional no existiese y existiese una sala de asuntos constitucionales en el Supremo y los jueces fuesen elegidos entre jueces, estos asuntos se habrían resuelto de una manera rápida.

—¿Cree que España debería salir fuera a comprar sus propias vacunas?

—España ha ligado su futuro al fracaso de la Unión Europea en este aspecto y el primer deber del Gobierno español es defender los intereses de los españoles y tomar todas las medidas para proteger a 47 millones de españoles.

—¿Qué quiere hacer Vox para resolver el asunto de Gibraltar?

—Parece que es una batalla perdida y nosotros pensamos que no, que es un asunto de dignidad nacional. Hay que atajar la cueva de piratas que está perjudicando el Campo de Gibraltar. Hemos planteado el cierre de la verja. Los trabajadores no pueden ser convertidos en rehenes del pirata Picardo.

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